Fuimos a La Paternal con la esperanza de ver una reacción y la recuperación necesaria de lo que fue la pésima noche frente a Tigre y nos volvimos con una frustración similar o mayor a la del último sábado. Lo de River Plate en la cancha de Argentinos Juniors fue decepcionante. Una muestra clara de que este equipo no es confiable ni está a la altura de lo que pretendemos y merecemos.
Duele esta realidad. No nos gusta ver esto que presenciamos partido tras partido. Somos testigos de un equipo que hace rato juega mal. Muy mal. Al cual no se le perciben virtudes y se le notan un montón de defectos. Los pequeños síntomas de principio de año desaparecieron rápidamente. No hay nada que se pueda destacar. Defendemos y atacamos mal. Nos superan con claridad y ni siquiera podemos hablar de derrotas injustas porque no somos capaces de hacer los méritos necesarios para revertir una historia que habitualmente termina mal. Fue tan pobre lo de ayer que ni siquiera nos permite enfocarnos en el pésimo arbitraje de Andres Merlos porque sonaría a excusa.
Gallardo se contradice
Marcelo Gallardo declaró que la caída ante Tigre sólo había sido una mala noche. Que confiaba en lo que su equipo venía mostrando desde el inicio del torneo y que ese era el camino indicado para seguir construyendo el River que él pretende para esta temporada. Su decisión en la formación y el sistema elegido para jugar 5 días despues frente Argentinos, muestra una alarmante contradicción en sus convicciones. Si el DT consideró que fue nada más que una mala noche, es porque evaluó que todo lo realizado anteriormente sirvió y era válido. Sin embargo tras el 1-4 lo que hizo fue cambiar y mucho. Modificó apellidos, sistema de juego y estrategia.

Gallardo insiste con futbolistas que no rinden.
Pegó un volantazo típico de esos que se dan cuando un equipo no responde. Pobló la mitad de cancha con volantes. Resignó delanteros. Puso de titular a jugadores que no venían sumando muchos minutos. Sacó a otros que venían haciéndolo con continuidad. Pasando en limpio, no se pareció en nada a la esencia mostrada en las primeras fechas. No hubo una actitud dominante o protagonista. Se diseñó el armado más para neutralizar las virtudes del rival que priorizar las propias. Abandonó la idea original, intentó con algo distinto y tampoco le salió bien.
Nada de lo planificado funcionó. River terminó dando una sensación de lentitud angustiante. Sin juego ni profundidad. Dando todo tipo de ventajas en defensa y elaborando muy poco en ataque. Se lo vió frustrado al notar cómo los jugadores de Argentinos corrían más, ganaban las divididas, tenían más determinación y jugaban mejor. Ver brillar a Hernan López Muñoz, nacido en nuestras inferiores (descartado inexplicablemente) y que sea nuestro verdugo profundizó aún más la negatividad de una noche que siempre se mostró adversa.

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¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo tenemos que aceptar un River como este? Que pierde con mucha frecuencia y no representa a nadie con su juego. ¿Hasta cuándo tenemos que naturalizar derrotas? Crecimos viéndo a River ganar en todas las canchas y en esta triste actualidad que atravesamos empezamos a aceptar que hay partidos que son perdibles. ¿Hasta cuándo tiene que durar nuestra paciencia? Si leen habitualmente estas columnas sabrán que evitó el fatalismo y las descripciones catastróficas. Que doy segundas oportunidades, que suelo apostar y creer que las cosas pueden funcionar y muchas veces termino abrazando síntomas positivos que suelen ser efímeros y se desvanecen rápidamente.

River fue un papelón ante Argentinos Juniors: el enojo de Juanfer con Merlos muestra la impotencia del equipo.
Quiero ser optimista, pero tampoco voy a convertirme en un iluso. En River no se puede esperar eternamente. Se alienta, se apoya pero también se exige. El pasado inmediato obliga a este plantel y al cuerpo técnico a mejorar este presente para alcanzar futuro favorable. No queremos más esta realidad. De los últimos 18 partidos se ganaron apenas 4 y se perdieron 12. No hay justificación posible. Es inaceptable por donde se lo mire. Esto no es River.

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Esta inestabilidad deportiva debe encontrar un fín de manera urgente. Perdón si estan esperándo la descalificación agresiva hacia el Muñeco y que pida su renuncia a los gritos. Eso no lo voy hacer. Yo no soy quien para marcarle la salida al DT que nos regaló los momentos más inolvidables de nuestras vidas. Y más allá de tener claro que en este Club no se vive del pasado y la nostalgia nunca es buena compañera, sigo sintiendo que debo tener memoria y jamás faltarle el respeto a un tipo como Gallardo. No me nace ni me lo permito.
Cambiá Muñeco, antes de que sea tarde
Eso no significa fingir demencia. Por supuesto que lo voy a criticar, a marcarle sus errores, a responsabilizarlo de este pésimo momento y le voy a pedir sinceridad en su autocrítica. Que sea honesto con su pensamiento y compromiso a la hora de hacer una evaluación interna que le permita tener claro si todavía es capaz de revertir este año y medio tan malo, o no. Hasta ahí llego. Entiendo que muchos estén hartos y tienen derecho a manifestarlo. Yo no me siento apto para dictaminar el ciclo cumplido de un gran entrenador y pedir su expulsión de River.

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Esta nueva derrota estira el mal momento de River. Potencia cada una de las dudas genuinas que existen y tenemos sobre este equipo. Debilita cualquer tipo de esperanza o expectativa. Otra muy mala actuación plagada de errores. Con dificultades para defender, jugar y atacar. Nada para destacar. Todo fue decepción y frustración. Un sentimiento que se repite permanentemente y nos hace preguntar: ¿hasta cuándo River tenemos que seguir soportando todo esto?





