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Una derrota tan inesperada como típica

River tuvo otro debut nefasto: ante Lanús arrancó esperanzando y terminó convirtiéndose en su propia y vieja pesadilla.

La foto no es una postal del semestre pasado, si no el fiel reflejo de un equipo que trastabilla una y otra vez con la misma piedra. Es que tal como le ocurrió frente a Colón en el Clausura de este año, River tuvo frente a Lanús un debut de temporada con lapsos de esperanza, que sobre el final del encuentro se convirtieron en el renacer de una pesadilla sin fin.

El conjunto de Néstor Gorosito arrancó el partido de ida de la primera fase de la Copa Sudamericana mostrándose en óptimas condiciones físicas, o al menos en mejores circunstancias a las de un rival que desde el primer minuto denotó no ser el Lanús del último año, ese que encabezó la tabla general de Primera División con más puntos que cualquier otro equipo. Entonces River no tuvo problemas para desnivelar también en lo futbolístico.

Así lo demostró de la mano de un Ortega convertido en el eje del equipo, que hizo jugar a Buonanotte y Archubi por igual, y gracias a ello el Enano encontró espacios por donde probar. La primera posibilidad, la improvisó con un remate desde afuera del área que se fue rozando el palo derecho de Mauricio Caranta, mientras que a la segunda la gestó a través de una jugada combinada con el Burrito, pero que Fabbiani terminó por desperdiciar cuando recibió la habilitación para definir mano a mano con el arquero rival. Increíble, pero real en el mundo del Ogro.

Tras esa leve superioridad, los dirigidos por Zubeldía reaccionaron y, además de equilibrar el juego, tuvieron una chance que bien pudo abrir el marcador antes del entretiempo. Salvio se coló entre una defensa de River mal parada y remató sólo ante Vega, pero el Indio sacó a relucir su chapa de titular el mismo día en que Nico Navarro arribó a Ezeiza para terminar mandando la pelota al lateral. De esa manera se fue la etapa inicial, con Fabbiani y Vega prácticamente como responsables exclusivos de que el resultado quedara igualado en cero.

Pero el complemento arrancó electrizante por parte de La Banda y de entrada nomás se advirtió que el empate no duraría hasta el final. Es que con el ingreso de Gallardo y la perplejidad granate, parecía que River tenía el partido en sus manos. Y más aún cuando a los 21 minutos el Ogro sacó un derechazo desde afuera del área que -por fin- le imprimió justicia al marcador. Sin embargo, tal como aquél 2-0 ante Colón que a poco del final devino en un 2-2 tétrico, apareció Eduardo Salvio paraen los diez últimos minutos aniquilarlas esperanzas millonarias y regalarle a Lanús una victoria completamente inmerecida, inesperada y típica, si ante River se trata.

Foto: Fotobaires.

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