Aunque sin brillar, se impuso por 1-0 ante Estudiantes en el Monumental y empezó a ratificar la solidez que desplegó en el verano. Además, demostró que los que entran, como Rojas e Iturbe, están tan bien como los titulares.
No fue el equipo de Ramón, pero sí el camino. Porque River no deslumbró ni avasalló como lo hizo durante los últimos partidos, pero volvió a aprovechar las pocas jugadas que pudo generar y a minimizar las posibilidades del rival para terminar sumando los tres primeros puntos en casa.
En la primera mitad se vio lo mejor del River de Ramón. Que no fue mucho, es cierto, pero le alcanzó como para peligrar sobre el arco de Estudiantes y marcar la diferencia. A los 5 minutos de juego, Mora sorprendió con un cabezazo en plena área chica que de casualidad encontró al arquero Silva bien parado.
Mientras que a los 23 llegó una gran jugada de Lanzini por izquierda que terminó con la pelota en los pies de Ledesma y un remate impecable que obligó a Silva a revolcarse contra su poste izquierdo para sacar lo que hubiera sido un golazo. Y a los 31, la incansable escalada de Vangioni, el centro preciso de Rojas y la definición fuera de lo común del Rey David, para poner a River en ventaja.
Una ventaja tan leve en el marcador como en la cancha, pero justa sin lugar a dudas. Porque Estudiantes no gravitó sobre el arco de Barovero hasta los 28 minutos del complemento, cuando Duván Zapata cabeceó en soledad y la mandó por encima del travesaño. Después, de parte del Pincha, nada.
Ojo, a no engañarse, este Estudiantes de Cagna no es el mismo Estudiantes que el de Sabella. Este es un equipo en pleno recambio, en transición. Pero más allá de eso y a pesar de que el segundo tiempo de La Banda fue muy flojo, River fue lo suficientemente inteligente como para no dejarse complicar cuando no pudo dominar. Cosa que hasta hace poco tiempo no pasaba.



