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Refuerzos: La peor dirigencia y su nueva gesta

La austeridad en River, la consecuencia de una mala administración a lo largo de ocho años.

Si a los dirigentes de River les quedaba alguna epopeya por capitalizar, con el lamentable papel que protagonizaron durante el actual mercado de pases empezaron a cerrar un período de ocho años en los que no se han privado de nada. Y esta nueva modalidad de austeridad en materia de refuerzos es producto exclusivo de la mala administración del club.

De nadie escapa que la crisis del fútbol argentino es real y palpable en muchas instituciones del país. Tampoco que el marco económico mundial condicionó el mercado de pases a nivel global, con excepciones excéntricas de clubes como el Real Madrid. Pero también de nadie debería escapar que varios clubes de la Argentina, en las mismas o aún peores condiciones que las que le tocó vivir a River durante esta especie de crisis generalizada, han logrado un equilibrio no sólo financiero, si no también deportivo y social.

Aunque claro, ello fue la consecuencia de una serie de decisiones tan coherentes como lógicas, que estuvieron basadas en las necesidades de cada club, sin descuidar la posibilidad económica de estos, y centralizadas a largo plazo. Más sencillamente, plantearon una política financiero-deportiva que -en cuestión de tiempo- les terminó dando resultados tanto en la cancha como en sus respectivas tesorerías. Tales fueron los casos de Vélez, Lanús y Estudiantes. En cambio, River sufrió un proceso de ocho años que fue a la inversa de todo esto. Y la prueba más clara radica en las contrataciones realizadas, que se basaron en dos pilares insólitos.

Por un lado, el pilar del refuerzo popular, a través del cual se intentó encontrar consenso entre los hinchas incorporando jugadores que pudieran apaciguar aunque más no sea por un tiempo las exigencias de la gente. Pero con los que nunca se hizo un análisis real de costo/beneficio a nivel económico y deportivo. Así llegaron los ídolos Marcelo Salas, Marcelo Gallardo y ¿Cristian Fabbiani?, y los para nada ídolos como el invendible de Andrés San Martín. Y para peor, a estos se lo debilitó aún más con el pilar del refuerzo de favor, a través de los cuales (por conveniencia de algunos o caprichos técnicos) llegaron el mamarracho de Sebastián Abreu y Gabriel Loeschbor, entre tantísimos otros que mejor ni recordar.

Estos errores en política de contrataciones (si es que se la puede definir de esa manera), profundizaron los problemas económicos y deportivos del club. Todo esto a expensas de un oficialismo que no encontró el rumbo durante dos períodos de gobierno y de un Consejo de Fútbol que, pese a que se erigió como el más perdedor de la historia, se mantiene intacto e inalterable desde su inicio. De ahí entonces que ahora River adopte una postura de austeridad y decida no contratar refuerzos para el próximo semestre: no es que hayan decidido implementar una política correcta y cauta, si no que han hecho todo tan mal, que ya no tienen ni para los refuerzos falopa.

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