Funes Mori y Buonanotte le dieron el triunfo a River en el último partido de un 2009 en el que ni siquiera se consiguió el pasaje a las copas. Pero al menos, queda la esperanza de un Astrada que entiende a los juveniles como pieza fundamental para el próximo año. Así lo demostró durante estos meses y así lo ratificó en la cancha de Tigre, donde volvió a apostar por los pibes y cerró el semestre con dos victorias seguidas.
River cerró otro año bien alejado de los festejos, es cierto, aunque con la leve esperanza que genera el reciente cambio dirigencial y el compromiso técnico de un hombre del club como Astrada. Pese a que ni siquiera se logró clasificar a las copas, este fin de semestre no encuentra en River a un Gabriel Rodríguez suplicando que finalice el campeonato, ni a un Gorosito perpetuándose en el cargo alegando tener “huevos”. Y mucho menos encuentra a un presidente “comandando” desde Suiza, cosa que -después de ocho años- es mucho decir.
Encuentra a un River que sigue muy golpeado, casi devastado, y que iniciará el 2010 sumergido en una comprometida situación con respecto al promedio del descenso, pero que -a diferencia de otros semestres- posee el beneficio de la duda para ilusionarse con un cambio. Es que ahora cuenta con una clave que antes no contaba: un entrenador conocedor y fiel al estilo riverplatense. Ese que indica que los juveniles no son parte de un eterno fogueo, sino una pieza fundamental en el armado de los equipos millonarios.
Así lo demostró Astrada durante estos dos meses que tiene su segunda etapa como técnico de River y así lo ratificó esta noche en Victoria, donde fueron justamente los pibes quienes le terminaron dando un nuevo triunfo. Primero, fue Rogelio Funes Mori, ese delantero mendocino de 18 años que encontró su lugar a raíz de una epidemia de lesiones y que el Negro supo bancar con varios minutos de juego para que empiece a creerse el 9 de River. Y después fue el intermitente Buonanotte, el Enano con el que hace seis meses atrás planeaban conseguir un poco de dinero fresco y que ahora Astrada intenta reconvertir en la explosión que al equipo le hace falta.
A los 46 del primer tiempo, Funes Mori conectó un centro de Barrado y colocó la pelota junto al palo, dejando sin reacción posible al arquero Islas. Y a los 13 del segundo, Buonanotte se apropió de un tiro libre al borde del área para clavar la pelota de manera exquisita en el ángulo del arco. Sólo con eso le alcanzó a River para vencer a Tigre y cerrar un 2009 con dos victorias seguidas, sólo con dos chispazos de los pibes surgidos de las inferiores, que no son ni serán la solución a todos los males, pero que en la historia del club se erigen como protagonistas de todas las alegrías. Ojalá el 2010 pueda dar fe de ello.



