(Incluye video – Enviado especial) Con el correr del Mundial y el nerviosismo que despiertan los partidos de esta segunda fase, el folclore devino en insultos y violencia. A tal punto, que la Policía pasó a tener presencia dentro de los estadios. ¿Cómo evitar el caos ante un cruce eventual entre Argentina y Brasil?
Leandro trasladó el clásico “maricón” de los cantitos brasileños en contra de los argentinos a un entredicho personal y se fue del Mané Garrincha en ambulancia. Creyó que, ya con la selección de Alejandro Sabella clasificada a semifinales de esta Copa del Mundo, los ánimos se habían apaciguado y la inmunidad del folclore mundialista lo había vuelto a amparar.
Se equivocó. Su agresor, un argentino ofuscado por las bromas evidentemente entendidas como provocaciones, olvidó aquello de la fiesta del fútbol y le pegó una trompada que le partió la boca. Solo una, producto de un acto irracional que en realidad fue la consecuencia de haber pasado cuatro horas de discusiones, cruces y nerviosismo al extremo. Y que le valió al victimario la detención por parte de la Policía y la bronca generalizada de aquellos brasileños que vivieron la escena. Le tiraron cuantas latas de cerveza encontraron en los cestos de basura.
Pero esa escena de violencia ya no resulta atípica a este Mundial. Por el contrario, se repite de una u otra manera con el correr de los partidos, tanto dentro como fuera de los estadios. Ya hemos visto el cruce de chilenos y argentinos en Copacabana; el de brasileños y argentinos en la plaza de Savassi, Belo Horizonte, y en el Arena Corinthians de San Pablo; el de uruguayos y colombianos en Río de Janeiro, tras la eliminación celeste; la batalla de mexicanos y croatas en el Arena Pernambuco de Recife; y la de brasileños y mexicanos hasta en un restaurante céntrico de San Pablo, que terminó con el local destrozado.
Pero esos son solo algunos ejemplos que tuvieron trascendencia pública. Después, el cruce anónimo es cotidiano. Más aún, como se contó anteriormente, entre brasileños y argentinos. Es que esta rivalidad futbolística e histórica está presente a cada metro, cada minuto. Los argentinos se movilizan en masa por todo Brasil con sus camisetas, banderas y aquella pasión sin igual que, en esta oportunidad, también los lleva a querer demostrar que realmente son locales ni más ni menos que en la casa del eterno rival. Se juntan, organizan banderazos, cortan calles, copan estaciones terminales e invaden shoppings y cuanto centro de atracción se les cruce por el camino. Además de los estadios, claro.
Y en todos lados, por supuesto, se encuentran con la resistencia brasileña. Esa que se manifiesta con cantitos exclusivos hacia los hinchas de su país vecino: “Sólo Pelé convirtió mil goles, Maradona sólo se drogó”; “Argentina tiene menos copas que Pelé”; y la reciente “Argentina tiene las mismas copas que Cafú”, son algunas de las chicanas predilectas, además de aquel “pentacampeão”, que truena como un grito de guerra en cada estadio en el que juega Argentina.
Aunque la chicana más vil de los brasileños se traduce en esa inédita modalidad de convertirse en hincha fanático del rival de turno que afronten Messi y compañía. No solo lo alientan, sino que compran las camisetas, banderas, gorros del rival de ocasión y se disfrazan para ir a la cancha como si fueran bosnios, iraníes, nigerianos, suizos o belgas. Incluso, hasta se pintan los rostros con esos colores que también les son ajenos. Poco importa el patriotismo si de chicanear se trata.
Entonces, una vez que comienza el partido y el nerviosismo de los argentinos confronta con las cargadas de los brasileños, el folclore se acaba y se convierte rápidamente en bronca, casi odio. Primero son discusiones, después insultos y luego llegan los manotazos y empujones. Así ocurrió notoriamente desde el partido con Nigeria en Porto Alegre, el primero decisivo para la Selección Argentina, porque definía las posiciones de su grupo. Y así se repitió también, de menor a mayor, con Suiza en San Pablo y Bélgica en Brasilia.
Por eso, conscientes de este conflicto en crecimiento, los organismos de Seguridad determinaron echar por tierra su decisión de que la Policía no tuviera presencia en el interior de los estadios durante la Copa del mundo. El sábado, en el Mané Garrincha, volvió a ser la principal autoridad dentro de la cancha y aun así -tal como ocurrió con los controles civiles de chalecos flúor- no pudieron evitar los innumerables cruces que se dieron. Esos que resultan escasos en comparación a los que podrían surgir durante un Argentina vs. Brasil.
+ Video: el cruce entre argentinos y brasileños en Brasilia.
+ Video: del folclore a la violencia en solo un segundo.
+ Fotos: buscate en el Mané Garrincha de Brasilia.
+ Videos: la fiesta argentina tras la clasificación histórica.



