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Llegó por Coudet y lo perdió por Coudet: las decisiones que explican la derrota de River ante Belgrano en la final

River mostró varias de las virtudes que lo llevaron hasta la definición, aunque también expuso defectos que terminaron siendo determinantes.

Facundo Iribarren
Llegó por Coudet y lo perdió por Coudet: las decisiones que explican la derrota de River en la final
Llegó por Coudet y lo perdió por Coudet: las decisiones que explican la derrota de River en la final

River estuvo a un paso de consagrarse campeón del fútbol argentino, pero cayó en la final frente a Belgrano. El equipo mostró varias de las virtudes que lo llevaron hasta la definición, pero a su vez también expuso defectos que terminaron siendo determinantes. Entre aciertos y errores, la figura de Eduardo Coudet aparece como el principal responsable tanto del recorrido hasta la final como de la derrota en el partido decisivo. Lo analizamos.

La final frente a Belgrano dejó múltiples conclusiones para River. Más allá del resultado, el encuentro funcionó como una síntesis de todo lo que mostró el equipo durante el ciclo de Coudet. Las fortalezas que permitieron alcanzar la definición estuvieron presentes a lo largo del torneo, pero también reaparecieron las debilidades que ya habían aparecido en distintos momentos de la temporada.

Por eso, analizar la derrota implica observar tanto lo sucedido en los 90 minutos como el recorrido previo. Desde una presión intensa que se convirtió en marca registrada del equipo hasta decisiones tácticas que condicionaron el desarrollo del partido, la final terminó reflejando lo mejor y lo peor del River de Coudet.

¿Por qué y cómo llegó River a la final?

La respuesta puede resumirse en tres factores fundamentales que sostuvieron el rendimiento del equipo durante gran parte del torneo. La presión alta, el aporte de determinadas individualidades y la capacidad de aprovechar los momentos emocionales positivos fueron elementos decisivos para construir una campaña competitiva.

La presión

El primer factor fue la presión. Más específicamente, la presión alta que caracterizó al equipo durante buena parte de la competencia.

River acostumbró a defender lejos de su arco mediante una estructura que muchas veces se observó como un 4-1-3-2. Los dos delanteros iniciaban las persecuciones sobre los primeros receptores rivales y forzaban decisiones incómodas. En numerosos partidos, esa agresividad provocó pelotazos largos o pases forzados hacia los laterales.

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Detrás de ellos, los volantes protegían los sectores externos, mientras que Aníbal Moreno actuaba como sostén del mediocampo, ofreciendo coberturas cerca de los laterales cuando era necesario. A su vez, los defensores de banda tenían libertad para anticipar y saltar sobre los receptores rivales.

Las individualidades

El segundo aspecto clave fueron las individualidades. En este caso, dos nombres sobresalen por encima del resto: Santiago Beltrán y Marcos Acuña.

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Beltrán resultó determinante en momentos decisivos. Su actuación en las tandas de penales fue fundamental para que River avanzara de ronda y, además, aportó seguridad constante dentro del área. Por su parte, Acuña se consolidó como uno de los futbolistas más influyentes del equipo. Más allá de desempeñarse como lateral, asumió un rol creativo central.

Los momentos

El tercer factor fue el llamado “momentum”, entendido como la capacidad de aprovechar los estados anímicos favorables.

A lo largo del torneo, River atravesó momentos de confianza en los que logró potenciar su rendimiento colectivo. En ese sentido, Coudet consiguió elevar la energía competitiva del plantel y generar una respuesta positiva de los futbolistas en diferentes contextos.

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La convicción con la que el equipo afrontó varios partidos importantes fue una muestra de ese crecimiento emocional. Cuando el grupo logró sentirse fuerte desde lo mental, sus virtudes futbolísticas aparecieron con mayor claridad y eso terminó impulsándolo hasta la final.

¿Hubo o no hubo mejora?

Ahora bien, una vez identificadas las razones que explican la clasificación a la final, surge otra cuestión importante: ¿existió una mejora en el juego con pelota?

La respuesta es afirmativa, aunque insuficiente. River mostró algunos avances en comparación con etapas anteriores. Uno de los cambios más evidentes fue el aumento de la movilidad por delante de la pelota.

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Los futbolistas comenzaron a intercambiar posiciones con mayor frecuencia, generando rotaciones constantes en el frente de ataque. Esa dinámica favoreció la aparición de asociaciones y permitió construir jugadas con mayor fluidez, especialmente a partir de las bandas. Sin embargo, esos progresos todavía no alcanzan para hablar de un funcionamiento ofensivo plenamente consolidado.

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Los errores marcados contra Belgrano

Así como existen razones que explican la llegada a la final, también hay factores que ayudan a entender la derrota frente a Belgrano.

En este caso, tres elementos aparecen como determinantes para explicar por qué River no pudo quedarse con el título. La ausencia de una presión efectiva, la falta de creatividad para atacar determinados escenarios y una dirección de campo discutible terminaron condicionando el resultado.

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Primer problema

El primer problema fue la imposibilidad de sostener la presión alta que había caracterizado al equipo durante todo el torneo.

River no logró replicar una de sus principales fortalezas en el partido más importante de la temporada. Una posible explicación inicial podía encontrarse en la situación física de Aníbal Moreno, pieza clave para equilibrar el mediocampo y sostener las coberturas. Sin embargo, esa hipótesis perdió fuerza cuando quedó claro que el volante mantuvo un rendimiento competitivo durante gran parte del encuentro. Incluso hubo momentos en los que fue el conjunto cordobés quien logró presionar a River y obligarlo a resolver situaciones incómodas.

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Segundo problema

El segundo factor fue la falta de creatividad para atacar una defensa cada vez más cerrada.

Cada vez que Belgrano cedía la posesión, organizaba una línea defensiva de seis futbolistas con la participación de Velázquez y Rigoni. Esa estructura protegía los costados, pero dejaba espacios considerables en la zona central.

Allí parecía encontrarse una oportunidad evidente para River. La presencia de jugadores como Lencina, Pereyra, Juanfer Quintero o Kendry Páez podía aportar imaginación y capacidad para recibir entre líneas. Sin embargo, las decisiones tomadas no permitieron explotar esa debilidad.

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Tercer problema

La tercera explicación de la derrota está vinculada con la dirección de campo y la gestión de los cambios.

Las modificaciones llegaron tarde y, además, no estuvieron acompañadas por una adaptación clara del plan de juego. Mientras Belgrano detectaba problemas en su estructura y los corregía mediante ajustes defensivos, River mantuvo conductas que no parecían responder a las nuevas condiciones del partido.

El conjunto cordobés reforzó su última línea con seis jugadores para reducir espacios y limitar los ataques por afuera. A pesar de esa modificación, River continuó insistiendo con envíos largos y búsquedas directas sobre Colidio y Freitas.

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Coudet, responsable en lo bueno y lo malo

Entre los aprendizajes que deja la derrota aparece una conclusión difícil de ignorar: Eduardo Coudet es el principal responsable de que River haya llegado a la final, pero también uno de los mayores responsables de haber perdido la definición.

Las virtudes que impulsaron al equipo durante el torneo tienen una relación directa con las decisiones del entrenador. Sin embargo, los errores observados en la gestión del partido también forman parte de su conducción.

¿Pedir la renuncia? No es el camino

La discusión sobre la continuidad de Eduardo Coudet surgió inmediatamente después de la derrota, aunque una evaluación más amplia invita a evitar conclusiones impulsivas.

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Pedir una renuncia o una destitución después de una final perdida sería una reacción excesiva si se tiene en cuenta el recorrido completo del equipo. River mostró señales de crecimiento durante el torneo y consiguió avances que, aunque insuficientes para alcanzar el título, sí fueron suficientes para llegar a la definición.

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