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Opinión El Burrito y su amiga la pelota, siempre cerca de su pie derecho. Magia pura.

El ídolo rebelde

Ariel Ortega fue una especie de niño eterno al que le perdonamos todo. Nos regaló sus mejores goles y gambetas, potrero puro, que hacían imposible cuestionarlo en otro plano. El amor entre River y el Burrito es mutuo y para toda la vida.

Federico del Rio