Claro que River tiene muchísimo que mejorar. Claro que Santiago Beltrán fue el héroe y responsable del triunfo por penales ante San Lorenzo. Pero hay que ganar, sobre todo cuando la cosa viene torcida. Y a veces, se disfruta más cuando se da como se dio en la noche del Monumental, una noche de locos. Ilusión, enojo y euforia, todo en poco más de dos horas.
El Millonario llegaba a este partido con una mezcla de resultados positivos e inestabilidad en el funcionamiento y los niveles individuales. En ese marco, el formato del Torneo Apertura 2026 le permitía al equipo de Coudet estar a cuatro partidos de volver a salir campeón. Y por ahora la fórmula es la de ganar sin jugar bien. Ante ese panorama, la ilusión era total. Y la euforia doble, por la eliminación previa de Boca.
Y el Monumental la plasmó con un gran recibimiento. River tuvo un buen comienzo presionando arriba y cuando se pinchó, San Lorenzo sufrió la expulsión de Reali, volviendo a levantar a la gente. Pero con el gol de Auzmendi volvieron las dudas, y con ellas, el murmullo. Entró Quintero, comenzó a asociarse con Acuña y el equipo se revitalizó.
Colidio salió reemplazado y reprobado por los hinchas. Otro partido clave muy flojo del delantero, que le pidió disculpas a la tribuna. Sobre el final, aliento para ganarlo, pero reconocimiento casi que exclusivo para Acuña. Ya en el alargue, salio el Huevo ovacionado, y el Millonario se encontró de nuevo en desventaja. Los hinchas explotaron contra el plantel. Primero se cantó: “Jugadores, la c* de su madre”.
El gol de Quintero que transformó el enojo en euforia
Y cuando la historia terminaba y River estaba quedando eliminado, bajó el “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo“. Pero mientras se entonaba, en la última jugada Quintero tiró un centro que nadie pudo peinar y Gill no pudo agarrar. Y de los insultos se pasó al eufórico grito, con gesto de Juanfer a la hinchada de por medio. El Más Grande tenía una vida más y la gente sabía que era hora de hacerse sentir nuevamente en los penales.
Vaya si no fue así que la tribuna se comió a Perruzzi, el juvenil de San Lorenzo que pateó el último penal y erró, cuando el rival tenía la chance de ganar. Después apareció Santiago Beltrán, contuvo el último tiro y el Monumental terminó siendo una fiesta. Alegría y desahogo. Pero temporal. El miércoles River tendrá un nuevo examen contra Gimnasia.
