Pese a queno jugó en el Monumental,la Selección de Maradona volvió a ser el equipo tibio de los últimos tiempos y se comió unaverdadera paliza brasilera. De la mano de Luisão, Luis Fabiano y Kaká, Brasil le ganó 3-1 en Rosario con la misma tranquilidad que si hubiera jugado en el Maracaná. Así, la previa rosarina, que fue a puro color, terminó por teñirse de negro ante semejante samba.

Es casi una máxima del fútbol: Nada bueno puede suceder cuando lo que ocurre afuera de la cancha cobra mayor relevancia que lo que pasa adentro. Y nada bueno sucedió anoche en Rosario, luego de que Diego Maradona quisiera hacerle creer a todo un país que a los brasileros se les iba a ganar sólo con jugar en una cancha que no fuera la de River.

Que el campo de juego, que la presión de la gente, que las tribunas alejadas de la línea de cal, que lo pidieron los jugadores… a todo tipo de argumento insólito apeló el técnico de la Selección para sacar a la celeste y blanca de su casa, el Monumental. Pero como en la AFA tienen decidido dejarlo morir solo y por las suyas, le dieron el visto bueno y mudaron el clásico sudamericano al Gigante de Arroyito. Como para que, llegado el peor de los desenlaces, Maradona no pueda recurrir a ningún tipo de excusa.

Así, lacuna de la bandera se convirtió en un hervidero. Aunque, en realidad, no tuvo nada de diferente a Buenos Aires en los días previos a una presentación de Argentina: sólo se habló del partido y las boleterías se abarrotaron de hinchas, aún cuando las entradas se cotizaron en sumas siderales. Ojo, sí es cierto que el plantel recibió mucho cariño de la gente en la puerta del hotel y que, ya con ambos equipos en el campo de juego, los rosarinos se hicieron sentir con fuerza al momento de entonar el himno.

Pero también es cierto que no se esperaba otra cosa después de 14 años del último partido argentino en Rosario. De todas formas, el entusiasmo duró poco, apenas 23 minutos, que fue cuando Luisão esfumó de un soplido la esperanza de un Gigante construido a base de humo. Sí, porque con el correr de los minutos, el hincha rosarino también comprendió que la Selección no corre riesgo de quedarse afuera del Mundial por los pozos del campo, la presión de la gente o las tribunas alejadas, si no por carecer de conducción y fútbol. Y eso no se arregla ni con una misa en el Vaticano. Entonces, ¿no será hora de cambiar al técnico?

Foto: Fotobaires.