River volvió a jugar mal, regaló todo un tiempo y acumuló una nueva derrota frente a un rival que pelea la Promoción. Por un lado, el bajón de Archubi, Rosales, Abelairas y Buonanotte. Y por el otro, la costumbre de hacer tiempo y defender con once. Un clásico entre malos y chicos.
Hace años que River y Racing no juegan un partido acorde al clásico más viejo de la historia del fútbol argentino, y en este sábado estuvieron muy lejos de hacer la excepción. Porque el triunfo de La Academia por 1-0 en Avellaneda apenas sirvió para denotar lo mucho que le falta para salir campeón al equipo de Gorosito y lo merecido que se tiene Racing estar peleando la Promoción.
El conjunto dirigido por Caruso Lombardi tuvo un primer tiempo con muchas ocasiones claras y se mostró superior a un River apático, que pareció más pendiente en la salida del sábado por la noche que en el clásico. Entonces, entre Caballero, Leandro González y Wagner aprovecharon para enloquecer al indefenso Barbosa. Pero fue finalmente Lugüercio quien terminó por vencer al arquero millonario: Ahumada perdió su marca y, luego de un sinfín de rebotes en el área, el ex Estudiantes marcó el gol de la victoria.
Sin embargo, tras el descanso, Racing tiró por la borda todo lo bueno que había hecho en el inicio y salió decidido a aguantar el triunfo replegado bien cerca de su arco, cuando tranquilamente pudo haber ganado por más. Pero no hay nada que hacerle, el que nació siendo chico, morirá chico. Acaso, ¿qué equipo con un mínimo de ambición juega 45 minutos colgado del travesaño?
Aún así, con toda su mediocridad a cuestas y una hinchada mimetizada con sus jugadores, a La Academia le alcanzó para imponerse ante un River que jamás supo en dónde estuvo parado. Si bien el flojísimo nivel de Archubi, Abelairas, Rosales y Buonanotte es tan típico como reiterado, el resto del equipo tampoco hizo demasiado. No llama la atención, el único que siempre juega con ganas esta tardese tuvo que quedar en el banco.
Foto: Fotobaires.