Con un gol de Rosales, buen juego y una importante generación de peligro, el equipo de Astrada arrancó con autoridad el duelo frente a Godoy Cruz. Pero luego del empate repentino de Rojas, La Banda cayó en su irregularidad estrepitosa y no pudo hilvanar ese segundo y quimérico triunfo consecutivo.

De poco y nada importa este empate ante Godoy Cruz en medio de una jornada llena de dolor para el Mundo River por el fallecimiento del inolvidable Juan Carlos Muñoz. Y menos interesante aún resulta analizar otro partido de este equipo irregular (por llamarlo de alguna manera) cuando se recuerda todo lo que generó aquél volante derecho de La Máquina, junto a Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.

Pero lo cierto es que -muy a nuestro pesar- no se puede omitir que La Banda tuvo una nueva presentación, en este caso, en el Malvinas Argentinas. Allí, en Mendoza, el conjunto de Leonardo Astrada volvió a mostrar las dos caras que lo definen como un equipo irremediablemente irregular. Rápido y punzante en el primer tiempo, y desordenado y perdido en el segundo, River apenas consiguió un empate cuando por momentos hizo méritos como para traerse los tres puntos.

En especial sobre el inicio del encuentro, cuando a los tres minutos, entre Buonanotte y Rosales se asociaron para abrir el marcador y dar señales de que podrían enloquecer a la defensa mendocina. Y así lo hicieron, a base de velocidad, toques, sombreros y algunas asistencias del Muñeco, que volvió a salir mucho antes de tiempo. De esa manera, el Enano logró tener tres chances claras de gol: dos que se fueron apenas desviadas y otra que paró el arquero del conjunto local, y que finalmente terminó malogrando el Burrito.

Pero en el complemento, el inesperado gol de Rojas devolvió a River a su temible irregularidad. Entonces, a partir de ahí, el club de Núñez se desdibujó y -por momentos- quedó a merced de Godoy Cruz, que sin proponérselo pudo terminar ganando el partido. Aunque, un poco por justicia y otro poco por Vega, el final del encuentro decretó un empate que conformó a los mendocinos y dejó con sabor a poco a los millonarios.