El Burrito evitó que el equipo de Astrada cayera ante un Estudiantes que fue al Monumental a sobrar y ensuciar el partido. Después del gol de Desábato a los 30 minutos del primer tiempo, el conjunto de Sabella se dedicó a esperar y pelear, para así minimizar esfuerzos. Y cuando parecía que se iba a llevar la victoria, apareció el último gran ídolo para sellar el 1-1 final en tiempo de descuento.

Cuando Alejandro Sabella, el técnico de Estudiantes, avisó que iría al Monumental con todos sus titulares, los flamantes campeones de América, le puso un condimento extra -o acaso el único- a un partido que se prevía devaluado. Es que con un River deslucido y un conjunto platense alternativo, la expectativa por una buena tarde de fútbol se había convertido en utopía.

En cambio, con las presencias confirmadas de Verón y compañía, la historia fue otra. Al menos en la previa, porque la verdad es que desde el campo de juego dio la sensación que Estudiantes había dejado a sus figuras en el predio de City Bell.

No sólo por la poca claridad en su juego, que básicamente se resumió a tirarle centros a Salgueiro y Boselli, sino también por su actitud: después del gol de Desábato, que se dio a los 30 de la primera etapa tras un centro -obvio- de Verón, el equipo de Sabella se dedicó prácticamente a esperar a River y a ensuciar el partido.

Entonces, entre la mezquindad de Estudiantes, sus ganas de pegar y la liviandad ofensiva y defensiva de La Banda, el partido se tornó chato. A tal punto, que los duelos personales Ortega-Braña y Buonanotte-Resto del Mundo se convirtieron en las figuras de la cancha de un encuentro que parecía con victoria platense asegurada. Sin embargo, al minuto 92, apareció el Burrito para sellar la igualdad, evitar una nueva caída de River y demostrarle al Pincha que sólo con soberbia no se gana.

Foto: Fotobaires.