Ortega y Gallardo estuvieron desde el arranque frente a Huracán y, como cada vez que juegan juntos, volvieron a opacarse. Astrada paró al Muñeco de enganche y al Burrito de mediapunta, pero ambos tuvieron una tarde bastante alejada de su capacidad. ¿Juegan mejor cuando no están juntos?
Tal vez queriendo lograr un espejismo del viejo Tiki-tiki de Ángel Cappa en el Clausura pasado, Leonardo Astrada apostó a todo por el todo en su visita a Parque Patricios e improvisó un ataque conformado a puro lujo y experiencia. Paró al capitán Gallardo de enganche y a Buonanotte y Ortega de exteriores asociados en los últimos metros del campo de juego.
Como para que entre los tres lograran desequilibrar por lo bajo a un Huracán con centrales altos y por lo general seguros. Sin embargo, salvo por el Enano, que tuvo una buena actuación pese a la infinidad de goles que malogró, los dos máximos referentes del plantel casi pasaron por desapercibidos a lo largo de toda la tarde.
En el primer tiempo, se mantuvieron fieles a la evolución general del encuentro y prácticamente no incidieron en el juego de River. Y en el complemento, Gallardo arrancó queriendo mostrarse como conductor asociándose con Buonanotte, a quien asistió en contadas oportunidades, pero después se perdió en una opacidad alarmante.
Lo mismo que el Burrito, quien directamente tuvo un partido para el olvido. Impreciso y sin entrar en sintonía con el Muñeco o con el resto de sus compañeros, el último gran ídolo jamás logró desequilibrar en ataque. Incluso, él mismo se demostró molesto con su actuación cuando se fue reemplazado por Gustavo Bou. Pero lo que más preocupa de esta asociación fallida en el Ducó, es que no es la primera vez que se opacan jugando juntos y -acaso lo peor- es que River depende de ellos.
Foto: Fotobaires.