Se trata del juvenil que desapareció de los entrenamientos de River hace una semana y que ya había protagonizado un incidente similar en 2008. Según advirtieron desde Núñez, Alan habría viajado a España junto a su familia para incorporarse al Atlético de Madrid. Pero pese a que el conjunto madrileño lo desmiente, los dirigentes millonarios ya lo dan por perdido.
La ambición en el fútbol no reconoce límites, y por eso desde hace varios años los clubes sudamericanos se convirtieron en víctimas de la codicia de empresarios y padres, que -incentivados por instituciones europeas- buscan llevarse a las pequeñas grandes promesas esgrimiendo la tan afamada patria potestad. Los casos se repiten año tras año y, pese a que de la boca para afuera los clubes del viejo continente se muestran en contra de esta práctica, esta semana River volvió a perder a otro de sus juveniles.
Se trata de Alan Arario, el enganche de 14 años que el año pasado fue capitán de la Novena campeona que dirigió Ricardo De Angelis. Pero antes, en febrero de 2008, desde el entorno del juvenil ya habían denotado cuáles eran sus intenciones sobre la carrera del pibe, luego de llevárselo de arrebato para que tuviera una prueba en el Barcelona. En esa oportunidad, tras el reclamo de River, el conjunto catalán confesó desconocer la procedencia de Alan y terminó desistiendo de ficharlo.
Aunque los padres de Arario no claudicaron tan fácilmente y lograron su cometido en el Atlético Madrid. Sin embargo, como el caso tuvo eco en los medios españoles, la institución madrileña se vio obligada a desechar su interés en el adolescente. “River acusa al Atlético de robarle un juvenil”, publicó el sitio Sport en aquél momento. Entonces, el jugador regresó a Núñez, donde su familia -como la de Erik Lamela- firmó un convenio mediante el cual los padres del juvenil pasaron a recibir una especie de subsidio por parte del club.
Es por eso que ahora desde el Monumental señalan nuevamente al Atlético, pero en Madrid aseguraron desconocer el paradero de Arario e incluso se comprometieron a aportar cualquier novedad que tuvieran. Cosa que no dejó para nada tranquilos a los dirigentes de las inferiores millonarias, ya que consideran que el pibe bien podría desembarcar en una filial del equipo español. Como sea, en River creen que el juvenil ya es un nuevo caso perdido producto de la ambición que -en todos los niveles- opaca al fútbol argentino.