Con la llegada del nuevo cuerpo técnico, varios jugadores empezaron a levantar su nivel y otros reaparecieron en el equipo. Domingo y Rosales fueron dos que volvieron de la mano del Negro, mientras que Barrado y Abelairas ya no son aquellos apáticos de la era Gorosito. Levantan, es cierto, aunque todavía les falta…
Un triunfo no cambia el presente del equipo, no caben dudas, como tampoco en que el equipo cambió con la llegada de Leonardo Astrada. Sí, pese a la derrota por goleada frente a Independiente en el regreso del Negro a Núñez, River denotó una leve mejoría en los últimos tres partidos, frente a Huracán, Boca y Argentinos, contra quien terminó por validar esa mejoría con -al menos- un resultado positivo.
Aunque esa suerte de recuperación no está ligada al simple cambio de aire que generó la llegada de un nuevo cuerpo técnico, sino que está relacionada con la capacidad y el tacto de Astrada para levantar el ánimo de estos jugadores. Así, algunos pasaron del papelón insalvable de cada fin de semana a actuaciones decorosas, casi aceptables. Como el caso de Matías Abelairas, uno de los más resistidos por el hincha, quien en el Superclásico se comió un gol para recordárselo de por vida, pero que viene cumpliendo en su desempeño como carrilero.
O como Diego Barrado, que si bien no era de lo peor del equipo en épocas de Pipo, anoche, en La Paternal, tuvo un primer tiempo en grandísimo nivel. Mientras que Nicolás Domingo pasó del ostracismo con Gorosito a la titularidad indiscutida con Astrada. No hay que ser Van Gaal para comprender que el pibe surgido de las inferiores de River es mucho más que Paniagua, pero sí es mérito del Negro haber apostado por él y haberle generado la confianza suficiente como para que responda de la manera en que lo está haciendo.
Y la máxima que no sólo avala esta nota sino que además da cuenta de que el viento ahora empieza a soplar a favor, fue la reaparición de Mauro Rosales para que el equipo terminara consiguiendo su segunda victoria en el campeonato. Justo él, que hacía varios meses que no jugaba y a quien todos los hinchas sindicaban como el jugador a prescindir, se convirtió por un instante en el goleador que Astrada y River necesitaban… No hay otra explicación, es la mano del técnico hecha recuperación.
Foto: Fotobaires.