¿Llovía tanto, conspiraron los astros o no controlaron esfínteres esas cosas feas vestidas de azul y amarillo con piloto rosa? ¡Madre mía, qué esperpento! ¿Será que enterados de que las cámaras del canal oficial los escrachaba, muchos decidieron esconderse o no ir directamente? Palcos desiertos, plateas altas semivacías, tercera bandeja ausente.
Enfrente, sin embargo, había luz, ritual, volvieron las tiras, las banderas de mástil, los bombos y esa incólume característica del hincha de River. Llueve, truene, gane o pierda: River no se va. Se decidió que el duelo continúa el jueves, cuando todo indicaba que lo más aconsejable era jugarlo el miércoles. La gente de River quería quedarse. Y se quedó, mientras los locales abandonaron antes de que lo hiciera el visitante. Otro mamarracho, de ésos que se dan en la Bombonera. Igual que cuando un auxiliar -esos hinchas disfrazados que deambulan dentro del campo de juego para cuando las papas queman- le pedía explicaciones a Baldassi.
Riquelme, en tanto, estaba contento por la suspensión. Gallardo, en cambio, lo quería jugar. River había entrado bien. Raspando Almeyda, firme Ferrari. Bien Cabral en una que le hizo tomar agua a Palermo. Se notaba que actitud había de sobra. Igual la pelota no rodaba y en estos casos me suscribo a los beneficios de la duda que me refiere la historia. Cuando pasan demasiadas cosas raras, en Boca aparece el “pito” de Dios que les inclina la cancha a su favor.
Por televisión, Araujo mostró la hilacha cuando hizo una referencia irónica sobre la bandera “Ahumada fue sincero” que colgaba desde un alambre. Así como cuando en la previa pasó un corto del director de cine Eduardo Mignona, ya fallecido, que era todo un homenaje a Boca más que al artista. En su lugar podrían haber pasado imágenes de la Maratón de Miguel, el atleta desaparecido, que juntó 3.000 personas. O comentar que ingresarían junto a los equipos niños con síndrome de down, como símbolo de la lucha contra la discriminación. Nada de eso, volvió a hacer gala de su incurable “oficialitis”, cuando festejó la presencia sonriente del Ministro del Interior. El funcionario estaba junto a su hijo y su bufanda bostera, en el banco local detrás de Alves. ¿Qué hacía allí? ¡Cosas veredes Sancho, cosas crederes!
A los genios de la venta por Internet, espero no se les ocurra hacerse los desentendidos con el tema de las entradas. Bastante bronca generó la burla de la semana pasada. Ahora que se hagan cargo, de habilitar nuevamente a la gente. Y si no el Sr. Randazzo, ya que es tan futbolero, que intervenga para devolverle a la hinchada de River la bandeja media, ya que a su equipo le sobran lugares. Lo vio en vivo y en directo.
Se tomó la discutible decisión de hacer incompatibles “El Día de la Memoria” con el fútbol. ¿Por qué no jugar a las 11 de la mañana? Nada mejor para la memoria colectiva que un nuevo “Nunca Más” se conmemore guardando silencio en el medio de la más grande fiesta popular. Ya pasa el domingo y nos queda la ansiedad pendiente. Uno quiere jugarlo ya. No volver a padecer de insomnio. Tener que levantarse a las 7, como hoy y poner el glorioso show de Benny Hill para distraerse y no pensar. Ocupar el tiempo hasta la hora del partido o buscar ideas tranquilizadoras. Pocos recabaron en el comienzo del otoño, los disturbios en Baradero o que Aries daba inicio al año zodiacal.
Hoy “era el día de los deseos”. El día que astrológicamente está señalado como el iniciador de los grandes cambios. Había que hacer una lista de objetivos y sueños. Puse el triunfo de River arriba de todos. Lástima que el cielo y los esfínteres flojos de tantos ridículos lo impidieron. Ya lo explica aquel tan viejo como actualizado canto: “La Boca, La Boca, La Boca se inundó”.
Nada nos acobarda. Aguardaremos. Estoicos, pero con barbijo o escafandra si es posible. Un axioma de la espiritualidad dice: lo que sucede es lo único que podría haber sucedido. Ni un minuto antes, ni después. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado. Todo deja una lección. La Boca no late, ni ruge, ni nada. Después de las primeras diez escupidas sufre de pleamares y bajamares que generan un movimiento similar al vaivén de las olas.
El arca de River contiene ese incomparable espíritu de nuestros legionarios. La religiosidad del Manto Sagrado. La que nunca para, la que sabe que hay que seguir cantando y rezando bajo la lluvia. Como estuvimos hoy, el jueves o cuando sea. Total, tantas veces lo demostramos. ¡Y llueve y llueve y River no se mueve!



