El plantel viene mostrando una armonía envidiable, donde todos tiran para el mismo lado. Anoche se pudo ver al Maestrico festejando con Ocampos y a Cavenaghi gritando como loco desde el banco el segundo gol de Trezeguet.
Que exceso de egocentrismo, que no se la pasan, que juegan en el mismo puesto y no se llevan bien… se dijeron tantas cosas de este equipo que ya aburre nombrarlas. Sin embargo, los jugadores muestran una unión que evidencia el objetivo común que tiene todo River.
Tucumán fue testigo de una actuación en la que el Millonario fue un equipo y no un grupo de individualidades. Desde el juego colectivo hasta los festejos, se notó que todos están concentrados en llevar a River a Primera.
Empecemos por el más “cuestionado”. Fernando Cavenaghi, ése que supuestamente envidia a David Trezeguet, le dejó patear el penal al francés, que obviamente no perdonó. Además, cuando el Rey David hizo su segundo gol, se pudo ver al Torito -ya en el banco- gritando como lo que es: un hincha que quiere ver a River campeón.
Otra postal de la buena onda del plantel se vio en el gol del empate, cuando el Maestrico fue a festejar con su “rival” en el puesto, Lucas Ocampos. El abrazo de los dos mediocampistas mostró que se prioriza el nivel del equipo por sobre el propio.
Obviamente, no se ganan puntos por estar unidos, pero claramente se hace todo más fácil cuando se trabaja con gente que busca lo mismo. Y este plantel lo hace: todos quieren coronar la temporada más dolorosa con el desahogo de ver al más grande ahí, adonde pertenece.



