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Mamarracho faraónico

Mamarracho faraónico en River Plate vs Colón

Un arbitraje sospechoso contribuyó para que River dejara tres puntos importantísimos en Santa Fe. Fue tan gravitante en el desarrollo del juego que el único elefante que pasó por el cementerio del sabalero fue Faraoni, más torpe que un paquidermo en un bazar.

Que se entienda, no es excusa, pero los triunfos y las derrotas en un fútbol tan parejo dependen y mucho de quién marca el primer gol. Por supuesto que si Canales hubiera metido la que tuvo al principio o Rojas la del segundo tiempo estaríamos hablando de otra cosa. La realidad es que hubo tanta impericia en los dos jugadores de River como méritos del arquero sabalero, que achicó de manera estupenda.

Sin embargo, insisto. Antes de todo esto hubo dos jugadas claves que pudieron haber abierto el partido para River y el árbitro no las vio. La primera es el penal a Ferrari. Gran pase de Gallardo -de lo poquito bueno del Muñe-, Paulo que gana la posición tiene tiro o pase atrás y un defensor que lo barre con el brazo y lo toca abajo, groseramente. Penalazo. En la vera del Paraná y Madagascar. ¡Siga, siga! -gesticuló el “sacapartidos” mientras el banco de River se lo quería comer crudo.

Al ratito nomás, Canales que pica habilitadísimo rumbo al gol y -¡oh, casualidad!- el línea ve posición adelantada. Del penal a Bertoglio voy a echar un párrafo. La jugada fue muy parecida a la de Ferrari, sin embargo fue sancionada. Antes, Bertoglio, muy hábil y veloz, ya había demostrado su tendencia al vuelo cuando se encuentra en desventaja y presiente que va a perder la pelota. En el penal, queda una sensación de aparatosidad más allá del apresuramiento de Quiroga. Alexis Ferrero se come una amarilla en mitad de cancha luego de un faul clarísimo a Almeyda que deja a todos mal parados.

La expulsión del defensor de River fue la frutilla del postre. ¿Por qué se castigan tan duramente los errores propios y no se analiza un poco el contexto de la jugada? En ese instante, ya con River expuesto, Quiroga cierra perfecto y la pelota hace una rara parábola que terminando buscando su mano mientras él estaba en el suelo. Es cierto, faltó lucidez para sacar el brazo. Ahora, bien. ¿Qué interpretó Faraoni? Lo que vimos todos. Que fue una mano inocente. Casi involuntaria. No obstante, pudieron más los gritos desesperados del Turco Mohamed y toda la platea de Colón. Lo echó a pedido de los locales, no por convicción.

Las estadísticas deberían servir más para elaborar diagnósticos que para sacar conclusiones. ¿Adónde apunto? Lo esperable era que el señor Faraoni hiciera todo para que el equipo local no pierda. Si de casi 20 partidos que le tocó dirigir no ganó ningún visitante, parece ser más que una casualidad. Detalles a tener en cuenta por el cuerpo técnico, los dirigentes y los jugadores que tiene que estar avisados.

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Que se entienda, reitero, esto no lo exime a River para nada. Porque si nos sobrara jerarquía estos partidos se podrían dar vuelta igual. Excepto que sigan dirigiendo tipos como Furchi, que le anula un gol a Racing increíble, que era el empate. Collado -el que habló de arreglos- y que ayer convalidó un offside inexistente de la pulguita Rodríguez de Atlético de Tucumán que era medio gol, o este “Faraón” de las localías.

Vuelvo al concepto principal. Las estadísticas nos demuestran que estamos donde estamos no por un partido perdido en una cancha difícil. Sino porque hace rato no podemos diferenciarnos del pelotón de los equipos irregulares. Volvemos a estar más preocupados por la tabla de abajo que la de de arriba. Y aunque River ya no es el mismo del año pasado, ha dado muestras de pequeñas mejorías aunque no lo reflejen los resultados.

A realidades parejas, los partidos se abren más para uno y se cierran demasiado para otros, cuando uno es el que sale a buscar y el otro es el que aprovecha los espacios que le proporciona la desesperación del rival y el “ayudín” de algunos arbitrajes. Al final, uno espera el fin de semana para relajarse, compra flores por el Día de los Enamorados y termina enroscado como una víbora al cable del teléfono puteando ciertos “mamarrachos” de nuestro bendito referato.

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Imagen: La Página Millonaria (Santa Fe).

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