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Los caminos de Astrada no encuentran la salida

Los caminos de Astrada no encuentran la salida

Tiene crédito y hay varias razones que lo sustentan. Fue el último bombero de la era Aguilar y supo apagar el incendio. Se afianzó en el verano con los dos triunfos frente a Boca y despejó los fantasmas de cualquier otra contratación ante el recambio dirigencial. Sin embargo, viene perdiendo credibilidad. Y aunque sus análisis pos partidos parezcan racionales y cargados de sentido común, es imposible negar que la incertidumbre le viene ganando a aquella esperanza y las dudas son mayores que las certezas.

Así como el agua que tapa una y otra vez a la Ciudad y el Gran Buenos Aires, vuelve a llover sobre mojado y Astrada no encuentra los caminos. Y aunque todos sabemos que las obras de reingeniería que se dejaron de hacer forman parte de una historia que no le pertenece, la realidad es que “sólo la expulsión de Almeyda salvó al equipo de una rechifla generalizada”, técnico incluido.

Lo dijo en conferencia de prensa o se desprendió de sus palabras. El mensaje fue claro. Se eligió no perder antes de arriesgar con un hombre menos y que la saliera el tiro por la culata. Suena a pecado original para un técnico de River no ir a buscar el partido de local, contra un rival golpeado por el empate, con el empuje de su gente. Pero si se piensa que en vez de Gallardo podría haber salido Villagra y bajar a Ferrari para que haga la banda derecha, la decisión fue más elocuente que sus palabras.

Fue la explicación de un técnico híper responsable, por no decir asustado, demasiado pendiente de la tabla de los promedios. Que tuvo miedo de ir por todo y de quedarse sin nada, cuando el trámite del partido no parecía ir por ese lado. Tomó la decisión de equipo chico y no de grande. Un cambio que no contó con la aprobación de la gente, que se fue gritando: “porque esto es River”.

Para el Jefe existen muchos atenuantes. Nadie le puede quitar la vocación al trabajo y los innumerables dibujos tácticos antes empleados que hasta ahora no han dado en el clavo. Ninguno garantizó la seguridad en defenss ni la contundencia a la hora de definir. Nunca repitió el mismo esquema ni la misma formación. Algunas por el mismo espíritu de búsqueda incesante, otras por las diferentes bajas que sufrió el plantel. Lo difícil de diagnosticar es cuando los mismos contribuyen a la confusión generalizada o a la necesidad de hallar caminos creativos que aporten soluciones urgentes.

Sería más tranquilizador saber que “la falta de convicción” evidenciada contra Arsenal fue una circunstancia y no un síntoma que parece agigantarse domingo tras domingo. En mi caso personal, todavía no puedo dilucidar qué clase de técnico es . Me huele a pragmático. Por momentos parece adherir a los equipos que buscan ser protagonistas y a veces no. No obstante todavía su figura me transmite respeto y paciencia, aceptando esta explicación de seguir probando, aunque el agua no espera y se lo lleva todo.

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Es que, es difícil calificar a alguien que todavía no sabe si conviene jugar con tres en el fondo o con cuatro. Ayer, por ejemplo, se jugó con cuatro y tampoco se mejoró. River fue un equipo largo que ocupaba 70 metros del campo y cada contra a espaldas del Pelado intimidaba. De hecho, el gol de Arsenal fue una jugada típica de un volante que quiebra la línea y recorre 20 metros con la pelota sin que nadie lo corte. Es raro que con la incorporación de Alexis Ferrero, un jugador que tiene capacidad de anticipo y lomo para bancarse un mano a mano, no pueda resolver en parte este dilema.

¿No será hora de que Ahumada apuntale un poco al Pelado y no se lo exponga a éste, como ayer, a la expulsión cuando se debatía ente la falta de aire y el golpe? El Pelado arrancó acompañado por dos volantes creativos y se vio obligado a quemar todos los cartuchos que le quedan en un tiempo. El fuerte de Ferrari no es la obstrucción, es sabido, así que poco y nada puede aportar en el quite. Además, parece sin rumbo, embarullado cuando como ayer Villagra le quitaba espacios. Lo mejor de Paulo está en ese “dejar hasta la última gota de sudor”, aunque ya con eso solo no alcanza.

Por la izquierda, Díaz, un jugador sobrio, se ve contenido o rifando centros, si no se puede asociar con nadie cuando pasa al ataque. Arriba, Canales, jugó su mejor partido en River. Generó muchos espacios y tuvo presencia física en el área. No es el caso de Funes Mori, a quien todavía le falta un poquito de potencia y menos egoísmo. (Ya va a tener tiempo de hacer el gol de su vida).

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En otra decisión, a mi juicio polémica, se castigó con firmeza y demasiada mano dura a Villalva. No se puede equipar lo de Ortega con el pibe. A Ortega se lo ayuda y se lo contiene dentro y fuera de la cancha, pero el Burrito ya necesita tomar el toro por las astas de su enfermedad de manera personal y definitiva. Villalva fue medido con la misma vara, a mi juicio, en forma apresurada. Pudo haber sido advertido y punto. River regaló un tiempo sin su agresividad y desequilibrio, casi irreemplazable para la realidad de este plantel.

En fin, para aquel “socorrista” que se hizo cargo del naufragio de fin de 2009, se vienen horas claves. Una final con el Lobo en La Plata y luego cuatro clásicos seguidos. Dicen que siempre que llovió paró. Y de eso no caben dudas. El tema es que si la Mafia del Viaducto no nos permitió evacuar las aguas servidas, con las limitaciones que también Burruchaga demuestra. Urge, Jefe, encontrar la salida. Aquel camino que nos invitaba a la esperanza y hoy a la incertidumbre. Usted los sabe mejor que nadie, “¡Porque esto es River!”.

Imagen: Mariano Armagno – La Página Millonaria.

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