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La pasión que se lleva en el alma

Ayer, el hincha de River vivió una tarde inolvidable. Desde bien temprano se acercaron al Monumental llenos expectativas y angustia. Con el corazón en la boca, sufrieron con cada minuto de juego hasta que llegaron los goles y se desató la locura del pu

Ayer, el hincha de River vivió una tarde inolvidable. Desde bien temprano se acercaron al Monumental llenos expectativas y angustia. Con el corazón en la boca, sufrieron con cada minuto de juego hasta que llegaron los goles y se desató la locura del pueblo riverplatense.

Habían pasado 363 días desde la peor tarde de la historia de River, era hora de que se diera la resurrección. Como pasó a lo largo de todo el año, la gente tenía que hacer su aporte ydesde muy temprano llegó masivamente al Monumental, con una mezcla de nervios, angustia, expectativa e ilusión, por un partido que podía enviar al Millonario al cielo o al infierno.

Con la Sívori alta clausurada, cuarenta mil almas se amontonaron en el resto del estadio a la espera de una alegría que compensara tanto sufrimiento.En los minutos previos a la salida del equipo, el ambiente fue espectacular, con el sagrado “Soy de River” sonando de los cuatro costados del Liberti y un sinfín de globos rojos y blancos para recibir a los once encargados de devolver al club más grande del país a la máxima categoría.

Pero el partido, como no podía ser de otra manera, no se presentó fácil para River, porque durante el primer tiempo el equipo de Almeyda no pudo tener la profundidad deseada. Entonces, los nervios crecían, las noticias sobre el triunfo de Quilmes complicaban aún más la situación y la tensión aumentaba.

Pero no hubo ningún reproche. Había que sacar fuerzas de donde se pudiera para apoyar a los jugadores, hasta que el tanto de David Trezeguet desató un grito de gol que erizó la piel de muchos. No era para menos,era el grito de la vuelta, el gol que no podía faltar en esa tarde soleada de Núñez. Quizá por eso se entiendan las lágrimas de emoción que reemplazaron a la tristeza sufrida hace ya casi un año.

Grandes, chicos, hombres y mujeres, todos lloraron. Nada importó, la emoción de estar presente en la resurrección futbolística riverplatense superó todas las expectativas que podía haber en la previa.

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Y con el silbatazo final llegó el triunfo y la tranquilidad de miles de hinchas que tuvieron el corazón en la boca durante noventa minutos para el infarto. El campo de juego se llenó de gente, para reunirse con los jugadores en un abrazo que quedará para siempre en la memoria de todos.

“River vos sos mi vida, vos sos la pasión, que se lleva en el alma, que se lleva en el corazón”, reza una de las canciones más populares entre los hinchas de La Banda, porque es la que explica exactamente por qué son tantos los locos que aguantan golpes, desilusiones y fracasos. A disfrutar el alivio, que el Millonario es lo más grande del país y está de vuelta.

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