Qué difícil es irse contento de la cancha, o apagar la televisión feliz cuando se ve, de manera bastante clara, que River es un desastre. Que juega mal, que marca peor y que, muchas veces, le falta mucho, mucho, muchísimo para ser un equipo.
Pero él, Ariel Arnaldo Ortega, hace lo posible para seguir regalándole alegrías al hincha de River. Él y la esperanza que aparece en Mauro Díaz y en Daniel Alberto Villalva (así, con dos v corta, a diferencia de lo que ponen la mayoría de los medios)
Estaba estático, corría, pero no daba muchos pases bien, ni tampoco parecía estar en su tarde. Pero los genios son así, aparecen y descollan, la rompen, ganan partidos, hacen llorar a los hinchas, logran que un Monumental que se preparaba para llevar la cabeza de Pipo en bandeja de plata, se tenga que rendir ante la genialidad, de la que aún no se sabe fecha de vencimiento.
Además sabe. Ponderó al Keko Villalva, un gurrumín que ni físico tiene, pero que pinta increíble. Pero Ortega no se queda en palabras, pasa a los hechos. Apenas pudo lo buscó, lo encontró y el Keko, de tan sólo 17 años, empató el partido en un momento caliente.
Después Mauro Díaz demostró que lo que se escribió en está página (es decir que juega sencillo, simple y casi siempre con destino acertado) es verdad. Además le puso un pase “by Gallardo” a Ariel y Ortega no se hizo problema, la pelota vino por aire, lo relojeó a Tauber y se la tiró por encima, mientras todo el mundo contenía el aliento. Él sabe mejor que nadie como manejar esos momentos cinematográficos. No sólo que escribe el guión, sino que filma y hasta ilumina la toma.
Así es Ariel Ortega. Único, mágico, brillante, irrepetible. Capaz que, aunque sepamos que River es un desastre, dejar una llamita de ilusión encendida. Él la enciende, nadie más y por eso hoy le damos las gracias. Eternamente gracias.




