Como en cada Superclásico, losextranjeros volvieron a asistir en masa al espectáculo más atractivo del mundo. En la popular de River se llegó a ver un grupo de -por lo menos- más de cien europeos juntos. ¿No era que la venta de entradas era sólo por Ticketek y para socios?. Y, lo más preocupante aún, ¿por qué se les permite el ingreso?
A esta altura, este tipo de notas resultan repetitivas, no tanto por la de falta de creatividad de quienes las escriben, sino principalmente porque se convirtieron en una costumbre como consecuencia de que quienes lucran con la pasión de la gente no encuentran límites ni conocen de vergüenza. Por eso, y por más reiterativas que resulten, estas líneas no pueden faltar, en especial por todos aquellos hinchas genuinos que se quedaron afuera de La Boca en esta oportunidad y por todos los que seguramente se quedarán afuera en la próxima.
Y es prácticamente un hecho que ello ocurrirá. Ojo, aquí no planteamos cuestiones de capacidad, de si la cancha de Boca es chica o grande, ni discutimos la eterna polémica sobre las dos bandejas para la parcialidad millonaria. Sino que apuntamos hacia los negociados de algunos y las negligencias de otros, que llevan a que las normas y los derechos de los socios valgan lo mismo que nada o se reduzcan a la mera casualidad de hacer un click en un milésimo de segundo exacto. Para ser más claros, si Ticketek era la empresa encargada de vender las entradas para el Superclásico y sólo los socios podían acceder a comprarlas, ¿por qué la popular de River volvió a estar atestada de turistas?
Resulta extraño que Ticketek se tome la molestia de cronometrar los segundos exactos que duró la venta de populares (1’45”, según dijeron, y pese a que en su sitio web publicaron que demoró 2 minutos), pero que jamás detalle cuántos tickets pone a la venta. ¿Por qué, qué se esconde, es secreto de estado? También resulta extraño que -siendo de público conocimiento que a la popular de River sólo pueden acceder los socios- la Policía, la seguridad privada y los dirigentes de River, permitan el ingreso desmedido de contingentes de extranjeros. Evidentemente, para algunos el negocio es demasiado grande como para andar preocupándose por la pasión del hincha o el derecho de los socios.
Foto: La Página Millonaria.



