Cuando River se desinflaba y los fantasmas del semestre pasado volvían a merodear por el Monumental, Pipo metió a suBarros Schelottoversión ultra pesado: Fabbiani entró, levantó a la gente, empujó al equipo, calentó al rival y fue el generador de la victoria ante Nacional. ComoGuillermo a La Boca, ¡el Ogro hizo delirar Núñez!
Las comparaciones son odiosas, es cierto, y más aún cuando el paralelo es de la contra. Pero nunca más acertado estuvo Néstor Gorosito al definir a Cristian Fabbiani como el futuro Guillermo Barros Schelotto de River. Es que el Ogro fue ante Nacional de Paraguay el fiel reflejo de aquél mellizo que tanto supo exasperar a los hinchas millonarios.
De entrada nomás, cuando Pipo lo llamó a los 15 minutos del segundo tiempo para que dejara de precalentar, el estadio explotó en un grito de ilusión. Ni siquiera la exquisita San Martín tuvo reparo y se sumó al delirio general: “Ogro, ogro”, resonó por todo el Monumental. Cómo habrá sido, que hasta se mezclaron los aplausos en el cambio con la Tortuga Fernández. Nadie supo si eran aplausos de aprobación para la joven promesa o de bienvenida para el gordo prometedor. Tampoco importó, las palmas sólo sonaron a rabiar.
Casi tanto como los “ole” que Fabbiani supo acumular con el taco que tiró en la primera pelota que tocó. Entonces más lo endulzaban, más se agrandaba, y parado entre los dos centrales de Nacional, las pedía todas. “Acá, acá, al pecho”, les gritaba a sus compañeros, mientras con la mano se tocaba el corazón. Un corazón que latía a mil e iba en sintonía con los otros 30 mil que estaban en la cancha.
Sí, porque con el Ogro en el campo, la gente fue pura esperanza. Así, el aliento se tornó ensordecedor y el mismo clima empujó al equipo, que entre nervios y ganas se abalanzó contra el área rival. El partido era todo de River y River eratodo Fabbiani, porque cuando él no la tenía, la pedía, y cuando la tenía, la pisaba, la guardaba, la mostraba, la tocaba… y los rivales le pegaban. Amarilla para uno, amarilla para otro.
Entonces más y más se agrandaba, como si aquella camiseta con el23 pudiera soportar más agrande. Pero de qué kilos extras le van a hablar a Fabbiani si aún así demostró que le sobra oficio e inteligencia para jugar. Y sino pregúntele a los jugadores de Nacional, que apenas pudieron verle la espalda cuando, en el último minuto del partido, el Ogro giró y definió ante un abatido arquero Don. La atajada, el rebote y la posterior aparición de Buonanotte quedarán apenas como un detalle. Fabbiani -a lo Guillermo- había ganado el partido media hora antes.
Foto: Fotobaires.



