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El perfil bajo no es cosa de Ogros

Frente a Vélez, el Ogro desapareció ante la marca de la denfesa rival.

Cuando Fabbiani no sale a comerse la cancha, desaparece entre los centrales del rival. En Liniers, padeció el agobio permanente de Otamendi y recién pudo mostrar un poco de su juego cuando ingresó Rosales y él retrocedió unos metros.

Si no se agranda, le cuesta. Así lo demostró la semana pasada el propio Cristian Fabbiani, ante Arsenal, cuando pasó por desapercibido durante 60 minutos y terminó ideando el triunfo millonario en los restantes 30. Esa tarde, en Núñez, el Ogro explotó justo en el momento en el que entró Gallardo, que fue cuando él bajó hasta la mitad de la cancha, dejó pagando a un par de rivales y ganó en confianza tras generar algunos “ole” en la gente.

A partir de ahí, el Ogro volvió a ser un verdadero ogro para la defensa del equipo de Sarandí. Y hoy, en Liniers, reconfirmó que no está acostumbrado a no ser el centro de escena, a jugar sin la atención constante de sus hinchas ni a ser capaz de desmarcarse si no está completamente confiado de poder hacerlo. Por eso, salvo por una jugada y como consecuencia de la estupenda actuación de Nicolás Otamendi, Fabbiani pasó por inadvertido en el primer tiempo.

Tuvo la oportunidad de sorprender cuando, promediando la etapa inicial, recibió una pelota en el borde del área grande, tiró un taco que descolocó a tres defensores del local y definió cruzado para exigir a Montoya, que la desvió con lo justo. Después hubo que esperar hasta los 34 del complemento para volver a verlo en acción. Es que al ingresar Rosales por Buonanotte, el ex Ajax se quedó arriba junto a Falcao y Fabbiani retrocedió hasta la línea de Gallardo para entrar en contacto con la pelota.

Entonces ahí sí pudo mostrar su juego e incluso llegó a gravitar. Primero le metió dos pelotas en profundidad a Rosales (en una Mauro estaba en off side, para variar) y después organizó una jugada que pudo terminar en gol suyo. Sobre el final, estaba en el borde del área y frente al arco, pero cuando todos esperaban que pateara, el Ogro abrió la cancha con Villagra y se metió embalado en el corazón del área chica a buscar el rebote. El lateral izquierdo se desmarcó y pateó al arco en dirección a Fabbiani, pero la pelota pasó de largo por muy poco y el delantero no llegó a conectar lo que hubiera sido otra de sus nuevas -y venideras- hazañas.

Foto: Fotobaires.

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