La aparición de Lucas Silva en la Primera de River es una de esas que provocan en el hincha una ilusión diferente. El chico, categoría 2007, nacido en La Dulce (provincia de Buenos Aires), genera con su juego, con su postura y hasta con su aspecto de chico “común” (no lleva tatuajes, por ejemplo) esa sensación de que “acá hay algo”. Y ese algo que muestra hoy a sus 19 años viene con él desde bien pequeño, cuando desde su pueblo ya daba que hablar.
Allá en La Dulce, una comunidad de poco más de 2000 habitantes, Lucas es el orgullo de todos. El joven volante central que viene de hacer un golazo en River vs Blooming de la Copa Sudamericana 2026 se formó en el Club Deportivo de su pueblo por Carlos Azcona, quien por primera vez y para La Página Millonaria, contó la historia que lo unió al futbolista.

Carlos Azcona junto a Lucas Silva, cuando eran DT y jugador del Club Deportivo La Dulce.
Cómo conocí a Lucas Silva, su formación y el día que quedó en River
*Por Carlos Azcona, su entrenador en el Club Deportivo La Dulce
- “La historia es que yo dirijo a la Selección de Necochea en el 2008 y traigo tres chicos de La Dulce de la categoría 94. Tuvimos la suerte de salir campeones y al año siguiente por esos papás me llevan a trabajar a La Dulce para dirigir a la sexta categoría del club, donde también salimos campeones. Después de eso me vuelvo a Necochea, mi ciudad, porque había un argentino Sub 15 para trabajar en el Club Ministerio de Quequén. Ahí dirijo la liga local y el Sub 15 de Monasterio, donde quedamos afuera en semifinales con Godoy Cruz de Mendoza que en ese momento me acuerdo que tenía como DT al Gato Oldrá”.
- “Trabajando para el club Ministerio de Quequén, que es una ciudad que está pegada a Necochea, jugamos contra La Dulce. Ahí se acerca un grupo de mujeres a preguntarme si yo volvería a trabajar al pueblo de La Dulce, de donde me fui muy bien después de un año. Les dije que este era mi trabajo y que con todo el respeto que se merecían y luego de agradecerles por la intención de que yo volviera al club, los que en realidad se tenían que acercar eran los dirigentes para tener una charla con ellos y ver si nos poníamos de acuerdo”.
- “Bueno, les cuento que volví y estuve siete años después en el pueblo. Una de esas mujeres era nada más ni nada menos que la mamá de Lucas Silva. Bueno, llego al pueblo, presentación con los jugadores. Yo normalmente me muevo solo, después armaba cuerpo técnico con gente que podía tener un poquito de afinidad y que me ayudara en el día a día con el pueblo, ¿no? Que los pueblos tan chiquitos viste cómo es: si te quieren estás muy bien y si no volvete porque es difícil convivir, pero La Dulce me trató como en mi casa, me trataron muy bien”.
- “Empiezo a armar las categorías de fútbol infantil, aparece una pulguita, todavía creo que no tenía 5 años y calculá que la liga empieza a jugarse a los 8 años. Ahí arranca la primera categoría que no es puntuable pero que sí tiene un seguro, juegan todos los clubes, 16 equipos que hay en la zona, Luquitas con 5 era difícil y el reglamento no me permitía ponerlo, pero cada entrenamiento y cada cosa que hacíamos uno se quedaba embobado con las cosas que hacía esa criatura, ¿no? Aparte, una humildad… un nene con mucho respeto y un cariño que realmente no hay palabras”.

De izquierda a derecha: Carlos Azcona, Lucas Silva e Ignacio, su papá.
- “Bueno, luego de una charla con la mamá, porque ella quería que el nene jugara, pero yo no lo podía poner porque reglamentariamente no podía, salvo que se pusieran de acuerdo los padres con los dirigentes del club y toda una serie de trámites que había que hacer porque el nene no tenía cobertura de seguro, lógicamente se pusieron de acuerdo y Lucas comenzó a jugar en la categoría 2006, una más grande que la de él. Bueno… chiquitito, hacía cosas hermosas con la pelota, llegó a jugar, yo lo puse en categoría 2004 donde por ahí le pegaban mucho y cada vez que lo atendíamos… viste…Luquitas llorando y yo le decía: – Bueno, ¿vio que ahora lo han golpeado? Ahora hay que vengarse, así que cuélgueme la pelota en el ángulo. Es una risa, pero es una realidad. Y había que ver la cara de cómplice que ponía porque vos le dabas una pelota parada, que todavía estoy esperando que River se las dé. Vos le ponías una pelota parada y era terrible”.
- “Y así fueron dándose las cosas hasta que un día llegó… O sea Lucas conmigo tenía la camiseta N°5 y yo siempre le decía que el 5 era el equilibrio del equipo, donde podíamos tanto me ayudaba a defender como a atacar, era un nene que si bien necesitaba del complemento y de rodearlo de compañeros, pero te ganaba un partido solo, tanto sea con una pelota parada como con salir, arrancar, pasar a todos los rivales y convertir, a ese nivel. Así que bueno, así se fueron dando las cosas”.
- “Un día sale una prueba, venía River a probar jugadores, el 2/11/2016, cuando Lucas ya tenía 9 años. Tengo una charla con la mamá, con el papá y le pregunté hasta qué estaban dispuestos porque la mamá un día me dijo: no, pero que vaya, que se saque las ganas. Y yo le dije: yo te aseguro que lo llevo y el nene va a generar una repercusión porque es distinto. O sea: yo he trabajado con muchos chicos y Luquitas era distinto. Bueno, me dice que están dispuestos a todo, que confiaban en mí y que iban para adelante. Claro, sabemos que al final esto es una cuestión familiar y fue muy duro y muy difícil más allá de las condiciones de Lucas”.
- “Hicimos trabajos personalizados de técnica, potencia, de ubicación. Un trabajo que yo siempre le inculcó a los chicos y se me quedan mirando, pero hay que aprender a jugar al fútbol sin pelota, donde “eh, Pela, ¿cómo vamos a jugar sin pelota?”, y yo les digo que hay que ir anticipándose a lo que uno va a hacer cuando reciba el balón. Es decir: dónde están mis compañeros, a quién se la voy a dar si recibo el balón, cómo me muevo. Porque les digo: ¿cuánto tiempo en los partidos ustedes están con la pelota y cuánto sin la pelota? La mayor parte de los minutos están sin pelota”.
- “Así que bueno, Lucas tiene esa característica donde realmente se mueve muy bien, hace las cosas simples porque va teniendo un panorama. Él recibe y ya sabe lo que va a hacer“.
- “Bueno, estuvimos trabajando un tiempo más esperando esa prueba, llegamos al día 2 de noviembre del 2016 donde vamos y nos encontramos que el coordinador, el que estaba haciendo la prueba, el captador de talentos era Gustavo Grossi, persona a la cual yo había conocido cuando Gustavo trabajaba para Racing. Entonces cuando me ve… la verdad que para mí fue una sorpresa, una satisfacción porque me reconoció, me llamó y me dijo: “Pela, vení, ¿qué me trajiste?”, ahí tuvimos una charla y le comenté que le había llevado a ese nene”.
- “Comenzó la práctica y Lucas quedó afuera. Pasó que Mariano Tedesco, el que había organizado la prueba en Necochea, que es el que trabaja acá para River y anda por todos lados, no lo pone en la categoría. Mariano trabaja muy bien, hemos tenido gran afinidad, pero bueno, en ese momento Gustavo me mira y me pregunta dónde estaba, cuál era el nene. Yo le digo: está al lado mío porque no lo pusieron. Entonces para la práctica y lo hace ingresar a Lucas. Yo le había comentado a Gustavo cómo jugaba Lucas, cómo se movía, cómo ayudaba a recuperar y cómo creaba. A los 10 minutos de la práctica Gustavo me mira, me llama y me dice: “Pela, a este me lo llevo a Buenos Aires”. Bueno, a mí se me erizó la piel, te soy sincero, porque normalmente cuando hacemos las pruebas acá después viene otro filtro que es en Mar del Plata, donde vienen otros chicos de otros lados que se han ido probando y después recién a Buenos Aires”.

Lucas Silva, en la Primera de River.
- “Y bueno Gustavo pidió llevarlo directamente a Buenos Aires saltando lo que era Mar del Plata y ahí, bueno, le digo: “Gustavo, hasta acá llegó lo mío. Yo ahora voy a hablar con los papás y vos tenés que ponerte de acuerdo para ver cómo sigue esto, que tengan una reunión, una charla con vos”, y me dijo que bueno, que se los comunique y que cuando terminara la prueba se juntaba a charlar con ellos”.
- “Obvio que estábamos todos llorando. Papá, mamá, todos. Pero sin dejar de… para mí no era una sorpresa porque era lo que esperaba. Te soy sincero. No por pedante, lejos de eso, pero era lo que esperaba de Lucas. Así que comenzó yendo a Buenos aires dos veces por mes. Luquitas primero jugó en Metropolitana, después logra ya integrar los planteles de AFA, en el medio viene una situación difícil donde más allá de la técnica, la calidad todo lo que tenía lucas que era qué hacer con este nene. Nueve añitos, irse a una pensión y salir de un pueblo de 3 mil habitantes a Buenos Aires es dificilísimo”.
- “Y ahí es donde apareció el gran acompañamiento de la familia, donde la mamá toma la decisión de irse a Buenos Aires a vivir con Lucas y quedar en el pueblo el papá con el otro hermano que también juega muy bien, categoría 2004, donde vos decís: cuánto sacrificio todo esto y nada te garantiza nada, porque sabemos que llegar es muy difícil”.

Lucas Silva con su hermano y sus padres.
- “Después, bueno, me llevaron a Bahía Blanca donde había un torneo para que Lucas jugara y lo viera, y River salió campeón por penales. Y bueno, todo lo que esto conlleva de decir bueno, muy bien en el colegio, algo que siempre inculqué; para ser buen jugador de fútbol primero hay que ser buena persona, lo cual te puedo garantizar que la personita, la humildad, el respeto y el cariño que tiene Lucas es invalorable. Obvio, aprendido de una familia, una gente con una humildad y un cariño.. Siempre yo lo agradezco, porque ya de esto pasaron 9 o 10 años en los que yo no es que no tenga contacto con Lucas y la familia, pero sí ya no tengo el día a día, y los papás permanentemente me tiene informado, hablamos… es más, el día de River-Blooming hablé con el papá en el entretiempo y le decía: Ignacio, Lucas tiene mucho más para dar, seguramente se va a ir soltando con los partidos y el transcurso del tiempo. Todavía falta eso donde se saca uno o dos rivales de encima y es vertical, juega vertical, juega muy bien con y sin pelota, pero falta eso de sacarse dos o tres rivales de encima y generar una situación de gol con buen remate y ahí le digo que todavía no lo ha mostrado el nene. ¿Qué pasó? Al ratito, pasan 10 minutos, y mete ese zapatazo que convierte su primer gol… la verdad que un sueño… un sueño… la verdad es que uno está grande y se emociona”.
- “Y así fueron las cosas para que Luquitas pueda llegar adonde está hoy. Con mucha humildad, trabajo y sacrificio, pero con un respaldo de la familia terrible”.





