River pondrá los mismos once que arrancaron el domingo pasado, mientras que el equipo local tendrá una variante obligada en defensa y eso, a priori, significará una desventaja que los conducidos por Leonardo Astrada deberán aprovechar.
El panorama, con respecto a los minutos disputados en La Boca tres días atrás, no cambió demasiado, aunque hay algunos cambios que pueden resultar determinantes. River continuará con el 4-3-1-2, es decir que no habrá sorpresas en lo táctico, al menos desde el inicio. La situación será diferente en Boca porque Hugo Ibarra sufrió un desgarro y quedó descartado, razón por la cual se alterará el orden de la última línea.
Quizás suene reiterado el discurso, pero Rogelio Gabriel Funes Mori y Gustavo Canales pueden hacer la diferencia. Con movilidad permanentemente, juego asociado y, sobre todas las cosas, inteligencia para exprimir al máximo las chances que aparezcan. También será fundamental que Marcelo Gallardo y Juan Rodrigo Rojas estén con todas las luces, porque los huecos van a surgir por naturaleza, ya que la concentración y el funcionamiento aceitado no irán de la mano en la vereda de enfrente.
¿Por qué ilusionarse con los inconvenientes de la defensa de Boca? Ezequiel Muñoz tendrá que actuar como lateral derecho para sustituir a Ibarra. Es cierto que el 4 titular brindaba enormes ventajas, pero su reemplazante no conoce del todo bien la función. Los centrales serán Luiz Alberto y Breyner Bonilla (solamente participó en el clásico que River ganó por penales, en Mendoza), quienes no jugaron juntos oficialmente. ¿El lateral izquierdo? Claudio Morel Rodríguez, con varias falencias a cuestas.
¿Las precauciones que deberá asumir River? Las mencionadas en la charla técnica del fin de semana pasado: Martín Palermo es el más peligroso porque cualquier envío aéreo o pelota que pase cerca de él significa un riesgo enorme, a pesar de que Gustavo Cabral (puede ser un arma letal en la pelota parada a favor, porque Boca sufre tanto o más que el equipo de Núñez en ese rubro) demostró que buscará incomodarlo sea donde sea.
El otro jugador que puede causar un gran dolor de cabeza es Juan Román Riquelme. Astrada no le hará marca personal para no desperdiciar un futbolista, pero la idea es que el despliegue de Oscar Ahumada y el oficio de Matías Almeyda se complementen para que el enganche de Boca no esté cómodo. También demandará atención la velocidad de Nicolás Gaitán y habrá que evitar las faltas innecesarias para que la pegada del enganche rival y la presencia de Palermo en el área no generen problemas.
River tiene muchos elementos para llevarse los tres puntos en el Superclásico. De todas formas, la realidad no invita a descorchar antes de tiempo ni a creer que el asunto será sencillo. El compromiso, la actitud, el corazón caliente y la mente fría tienen que ser los argumentos para los dirigidos por el Negro Astrada, quien puede ser del agrado o no de los hinchas, pero ya dejó en claro que sabe inculcarles conceptos imprescindibles a los jugadores para enfrentar al rival de toda la vida.
Imagen: FotoBaires.



