Una producción para el olvido, con infinidades de errores tácticos e individuales, la Selección fue goleada 4-0 por una Alemania que con poco le alcanzó para barrer de la cancha al equipo de Diego Maradona, que nunca supo cómo revertir el tempranero golpe sufrido antes de los tres minutos.
Los errores se pagan caros. Y Argentina los pagó carísimos. No siempre repetir sistema es la mejor opción; el 1-0 en el amistoso de hace unos meses no significaba que ahora también se podía jugar con cuatro zagueros centrales en el fondo, porque el que pagó los platos rotos fue Nicolás Otamendi, flojísimo como lateral por la derecha.
Es verdad que el de Vélez no es el único responsable, porque Sergio Romero también tuvo gran parte de culpa en el primer gol y la defensa miró cómo los alemanes pasaban al ataque y convirtieron tres goles prácticamente iguales. Poco para rescatar, esta vez no hubo huevo ni temperamento y la vuelta a casa es justificada.
Contra el primer rival de nivel, Argentina no tuvo respuestas. Por primera vez en el Mundial empezó perdiendo y no supo reponerse, no tuvo ideas y el resto es historia conocida. Al igual que cuatro años atrás, la Selección se vuelve con las manos vacías luego de que la esperanza inundara a todo el pueblo.
Imagen: Mexsport.
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