Los primeros cambios tácticos de Eduardo Coudet como entrenador de River ya empiezan a tomar forma después de los primeros dos partidos al frente del equipo, con sendos triunfos ante Huracán de visitante y Sarmiento en condición de local. A través de un análisis apoyado en imágenes y secuencias de juego, observamos y analizamos cómo el equipo comienza a modificar ciertos comportamientos clave.
Antes de profundizar, es importante aclarar el contexto: las conclusiones se basan justamente en los encuentros frente a Huracán y Sarmiento. Se trata de una muestra inicial, que permite identificar tendencias y no tanto certezas definitivas, que se empezarán a ver recién con el correr de los partidos y las semanas de trabajo.
El análisis se organiza en tres ejes principales: el uso de las bandas, la estructura defensiva y de presión, y la forma en la que River busca sostener el control de la pelota.

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Juego por las bandas
El juego por los costados aparece como una herramienta mejor utilizada. River no solo ocupa las bandas, sino que lo hace con sentido. En ese contexto, Gonzalo Montiel fue protagonista atacando el área y ofreciendo una amenaza constante con sus apariciones al espacio.
Uno de los recursos más repetidos fue fijar por dentro y liberar por fuera. River logra atraer al rival hacia zonas interiores para luego activar a los jugadores ubicados por delante de la jugada. Además, se repite un patrón claro: inclinar el juego hacia una banda para luego cambiar de frente y atacar el lado débil.

Centros y más productividad en ataque
La mejora en la productividad ofensiva no implica ausencia de errores, pero sí un cambio en la intención. Un dato lo refleja con claridad: ante el mismo rival, River ejecutó 14 centros bajo la conducción de Coudet, contra 36 en el último partido frente al Verdolaga, con Marcelo Gallardo como DT. La diferencia no es solo cuantitativa, sino también en la calidad y el sentido de esas acciones.

Bloque alto
El bloque alto también muestra avances. Ante Huracán se vio una estructura 4-1-3-2, con Driussi y Kendry Páez liderando la presión inicial. Galván y Subiabre acompañaron en bandas, mientras que Fausto Vera se posicionó por delante de Moreno, quien actuó como sostén del sistema.

Presión en salida y bloque alto.
Bloque medio
En bloque medio, River logró ser más agresivo cuando el rival intentó progresar por dentro. En ese contexto, Aníbal Moreno se consolidó como una pieza central, equilibrando presión e intensidad y sosteniendo al equipo en fase defensiva.

Anibal Moreno, fundamental en el arranque de la era Coudet.
Posesión y no envíos largos
Otro cambio relevante es la intención de reiniciar jugadas desde el fondo. Esta decisión permite atraer la presión rival, ganar tiempo y encontrar espacios interiores. Tanto ante la presión individual de Sarmiento como frente al bloque de Huracán, River optó por soluciones más elaboradas en lugar del envío largo.
Una de esas soluciones fue el arrastre de marcas para generar espacios detrás de la línea defensiva rival. A partir de estos movimientos, el equipo logró aprovechar desajustes en la presión y progresar con mayor claridad.
Cosas a revisar: los roles de Kendry Páez, Subiabre y Acuña
A pesar de los avances, aún hay aspectos a ajustar. El rol de Kendry Páez aparece más aislado de lo ideal, mientras que también se detecta la necesidad de aprovechar mejor los espacios tras la presión rival. Además, quedan detalles por resolver en el funcionamiento de Subiabre, en su rol abierto, y de Acuña, actuando como lateral que se cierra hacia dentro en fase ofensiva.

Conclusión
La conclusión general es positiva. En apenas dos partidos, River mostró señales claras del camino que propone Eduardo Coudet: atraer y soltar para superar la presión, priorizar el movimiento por delante de la pelota y utilizar a los laterales como piezas clave del sistema.
En el Monumental, frente a bloques bajos como el de Sarmiento, el equipo logró sostener altos niveles de posesión y, a diferencia de etapas anteriores, encontró mejores soluciones para atacar defensas cerradas. Ya no se trata de acumular centros sin sentido, sino de construir jugadas con criterio.
El proceso recién comienza, pero las primeras señales invitan a pensar en un equipo que, con ajustes, puede consolidar una idea clara y competitiva.






