El fenómeno Copa Sudamericana todavía no logra impactar de lleno en la ilusión y la gran expectativa de los hinchas de River. Y es lógico. Es 100% entendible. Hoy la vivimos como un castigo total por haber hecho muchas cosas mal adentro de la cancha para no poder estar compitiendo por la Libertadores mientras equipos argentinos de mucho menor renombre e historia sí lo hacen, y el proceso de dolor por lo que no fue estará presente en estas horas hasta que empiece a rodar la pelota esta noche en Bolivia frente a Blooming.

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Todavía siguen retumbando en la memoria los puntos inocentemente perdidos a lo largo de todo el 2025 pensando en una tabla anual que entrando al segundo semestre nos tenía bien arriba y con enormes posibilidades, pero sabiendo después que en el último trimestre todo se nos vino a pique y fue una catástrofe deportiva disfrazada de bola de nieve que nunca pudo evitar la pendiente.
También aquellas eliminaciones insólitas frente a Platense y a Racing en los playoffs de los torneos locales donde nos pegamos cientos de tiros en los pies y que nos llevaron a cerrar otras puertas para clasificar, y ni hablar de esa noche de diluvio en Córdoba de Copa Argentina frente a Independiente Rivadavia que también nos castigó por penales estando a un paso de la final para jugar la copa más importante del continente.
Pero bueno, a esta altura de abril y con los aires renovados que trajo el Chacho en sus primeros cuatro partidos con victorias y un comienzo de funcionamiento un poco más sólido, práctico y convincente, ya es momento definitivo de pasarle la escoba a los malos recuerdos y enfocarnos de lleno en este comienzo de una Copa Sudamericana que hace doce años nos volvió a meter de cabeza en el plano internacional de la mano del Muñeco. Y la de este año debemos tomarla de la misma manera.
Necesitamos encontrar una sortija internacional que nos empiece a sacar del letargo en las copas que venimos teniendo desde la pesadilla de Lima en el 2019 frente a Flamengo, sabiendo además que de ahí en adelante nunca nos sentimos en condiciones reales desde lo futbolístico para volver a levantar una copa. Por eso la historia nos manda a enfocarnos acá, y que a lo que hoy vemos como un gran castigo lo podamos transformar el sábado 21 de noviembre en Barranquilla en una nueva vuelta olímpica copera que encienda nuevamente todo el poder de un gigante como lo es River a todo nivel.

River vive aires renovados futbolísticamente con cuatro victorias consecutivas (Getty)
Porque además una consagración en esta Sudamericana no solo nos clasificaría directo a la Libertadores que viene y también a una final de Recopa, sino que también nos llevaría a recuperar muchísimo del dinero perdido por no poder estar en la Libertadores. Desde lo deportivo y lo económico no deja de ser un objetivo al cual debemos apuntar de principio a fin, y darle la prioridad que merece.
Y demás está decir que no existirán excusas para no ser protagonistas de principio a fin. Porque el sorteo nos favoreció en cuanto a los rivales y también a no viajar a plazas con altura, y todo está dado para que sea un mano a mano por el primer puesto contra un equipo brasileño que no es de los más poderosos. Y aunque después de octavos en adelante la historia sea otra, ya quedó demostrado que con buen funcionamiento y una identidad de juego se le puede competir a cualquier equipo del continente.
Vamos mentalizados desde el minuto uno a que a partir de este 2026 debe iniciar el camino sostenido a volver a ser una enorme potencia futbolística del continente. Que ya no debe haber más lugar para los fracasos y los papelones, y que en caso que llegue una derrota que volvamos a tener esa sensación que la hicimos pagar muy cara y que solamente nos superaron por mínimos detalles siendo mejores que nosotros.
El enorme crecimiento institucional y económico de los últimos tiempos tenemos que empezar a revalidarlo y a compañarlo también adentro de la cancha. Un gigante como River no puede volver a permitirse tropezar hasta los caminos de la Copa Sudamericana, y el primer gran paso para que eso suceda es justamente no subestimarla y jugar para ganarla de principio a fin. Con seriedad y con buen fútbol. Y con un Chacho que con todo su entusiasmo debe contagiar a su plantel y también a nosotros como hinchas para que nos podamos subir a pleno a una nueva ilusión. Vamos con todo, y a por todo.





