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Opinión: River sigue decepcionando y sumando frustraciones

Cuando nos animamos a soñar en grande, nos vuelven a dar terrible golpe que nos lleva otra vez a esta difícil realidad. Queremos volver a sentirnos ganadores porque esto así no se aguanta más.

CORDOBA, ARGENTINA - MAY 24: Facundo Colidio (C) of River Plate walks out of the pitch with teammates at the end of the first half during the Torneo Apertura 2026 final match between River Plate and Belgrano at Mario Alberto Kempes Stadium on May 24, 2026 in Cordoba, Argentina. (Photo by Marcelo Endelli/Getty Images)
© Getty ImagesCORDOBA, ARGENTINA - MAY 24: Facundo Colidio (C) of River Plate walks out of the pitch with teammates at the end of the first half during the Torneo Apertura 2026 final match between River Plate and Belgrano at Mario Alberto Kempes Stadium on May 24, 2026 in Cordoba, Argentina. (Photo by Marcelo Endelli/Getty Images)

Qué difícil es poder entusiasmarnos con este River. Cuando nos animamos a soñar en grande, nos vuelven a dar terrible golpe que inmediatamente nos lleva otra vez a esta difícil realidad con la que nos toca convivir desde hace un par de años largos. En Córdoba pasamos por todos los estados. La felicidad por acompañar a River en otra final, la expectativa de volver a gritar campeón, la incertidumbre al ver el rendimiento del equipo, la explosión tras el gol de Tomas Galván, el enojo por el penal que nos cobran y la decepción total tras el tercer gol de Belgrano. Fue ese cruel momento donde nos dimos cuenta que no íbamos a poder. Que ya no quedaban minutos en el reloj para ganar el partido y el campeonato.

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Hasta acá nos dio. Es la conclusión a la que todos vamos a llegar después de ver jugar a River durante todo el 2026. Pocas veces jugó bien y haciendo algunas excepciones, casi ningún futbolista del plantel estuvo en su pico de rendimiento. Nos dejamos llevar por la emoción que provocan los partidos de playoff, donde la adrenalina por evitar una eliminación o lograr una clasificación, provoca un contexto de dramatismo absoluto que suele dejar de lado cualquier análisis futbolístico para enfocarnos solo en el resultado conseguido. La tiranía del resultadismo extremo se impone en esa etapa de definición donde todos nos aferramos al triunfo como único objetivo posible y deseable. No importa más que eso. Si pasas sos el mejor y si quedas afuera se arruinó el semestre. Y a esa locura de montaña rusa nos subimos con este River en estos últimos 15 días. Del enojo a la felicidad en 60 segundos con San Lorenzo. De observar un partido normal ante Gimnasia como una victoria destacable. Y de creer que el buen triunfo ante Rosario Central nos convertía en firmes candidatos. La emoción magnificó la situación y llegamos al duelo contra Belgrano esperanzados y olvidando nuestras limitaciones habituales. Lamentablemente no nos alcanzó.

No se puede volver a repetir

¡A River se le escapa de manera insólita una final en 5 minutos! Y eso nos sucede por los mismos motivos de siempre: la falta de jerarquía y los errores propios evitables. Este equipo en defensa convive con la ingenuidad y transmite una sensación de inseguridad preocupante. No sabe cerrar los partidos. Siempre le da una posibilidad al rival y se desordena fácil ante la adversidad. Podemos debatir si el penal que nos cobran estuvo bien sancionado o no, lo que no se puede discutir es cómo nosotros transformamos una situación controlada y sin grandes riesgos, en la jugada de quiebre de partido. Es inaceptable. Como también lo fue el descontrol en el que se convirtió River tras el empate que le permitió al rival conseguir el gol del campeonato sin hacer demasiado. Errores y más errores que se pagan caro y se cometen por la falta de jerarquía. Esa misma que vemos en Marcos Acuña al controlar una pelota, en un pase al compañero o cuando debe resolver individualmente una situación riesgosa. Da la sensación de ser el único. Al resto le cuesta mucho todo. No hay ese status de jugador de River. Nadie puede sostener la pelota en los momentos calientes. No hay oficio para manejar los tiempos de un partido. ¿Dónde esta ese jugador que se agrande en las bravas? ¿Cuál es el futbolista en quien confiamos ciegamente cuando la cosa se pone difícil? Una vez mas quedan expuestas nuestras falencias para cerrar una final de campeonato. Nos aferramos a que el rival no pueda y a esa suerte que a veces acompaña ayer nos dejó tirados.

A River se le escapa una final en cinco minutos por falta de jerarquía y errores propios evitables. (Getty Images)

A River se le escapa una final en cinco minutos por falta de jerarquía y errores propios evitables. (Getty Images)

Coudet, responsable

Creo que el DT de River también tiene su cuota grande de responsabilidad en esta derrota. Eduardo Coudet fue quien, desde su buen trabajo, llevó a este equipo discreto a jugar una final. Desde su capacidad motivacional y anímica fue construyendo un espíritu colectivo que le permitió ir superando ciertos obstáculos. Mucho mérito en el recorrido, pero falló en último capítulo. Le faltó lectura para entender los cambios que le pedía el tramite del partido y la convicción necesaria para hacerlos. Una de dos, o no se animó a tocar nada porque el equipo ganaba, o no confía en los jugadores que estaban sentados a su lado. Desde lo personal creo que es un grave error prescindir de Juan Fernando Quintero. En este equipo y para esta clase de partidos el 10 tiene algo que los demás no. Inteligencia para jugar, serenidad para tener la pelota, remate de media distancia, pase filtrado y hasta el recurso de una pelota parada. El técnico no lo puso en 90 minutos y lo mandó a la cancha sólo para el tiempo de descuento y con la situación casi juzgada. El pibe Juan Cruz Meza estaba cansado y haciendo una floja final, su salida era antes lo mismo que Joaquín Freitas. Estaban agotados, habían dado todo y era necesario poner piernas frescas para revitalizar al equipo desde lo físico. El Chacho no reaccionó a tiempo, dejo pasar los minutos y River lo pagó caro.

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Ahora vendrá un receso muy largo y el mismo panorama que vivimos en los últimos 3 años cada 6 meses. Depuración del plantel, un mercado de pases donde traer varios refuerzos y empezar construir un nuevo equipo. Ciclos que se repiten sin el éxito deseado. Lo que debe quedar claro es que la dirigencia está obligada a traer jerarquía. Es un pedido a gritos del hincha millonario. No es posible seguir equivocándose teniendo billetera. Del equipo de ayer pensando a futuro tenés pocas certezas. Santiago Beltrán y Acuña, fueron las figuras de este torneo. Hay crédito abierto para Aníbal Moreno y Fausto Vera. A los pibes hay que bancarlos y seguir dándoles minutos. Habrá que analizar los estados físicos de Gonzalo Montiel y Sebastián Driussi para saber si podemos contar con ellos. Facundo Colidio la revirtió en el ultimo periodo y si mantiene este nivel puede ser una buena alternativa; Lucas Martínez Quarta también, aunque no sé si de titular. River debe rearmar una defensa nueva que sea sólida, segura, con carácter y presencia. Bienvenida la incorporación de Nicolas Otamendi. Además serán necesarios volantes creativos o mediapuntas capaces de transformar el fútbol ofensivo de River. Y por supuesto no repetir el grosero error del inicio de temporada al no traer un 9 de nivel y goleador. Exigimos Jerarquía. Jugadores que rompan el molde y entusiasmen a la gente. Figuras de verdad. Esta camiseta no es para cualquiera. Hay que dejar de traer parches momentáneos para conseguir soluciones definitivas. Será trabajo de Stefano Di Carlo, Enzo Francescoli y Eduardo Coudet. Limpieza urgente y armado de un plantel competitivo. Angustian tantas derrotas. Estamos cansados de acumular frustraciones y decepciones. Queremos volver a ser sentirnos ganadores. Ser lo que River fue a lo largo de su rica historia. Hay que jugar bien y ser campeones en el corto plazo. Esto así no se aguanta más.

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