Sigue siendo muy difícil explicar con palabras todas las sensaciones que se vivían en el mundo River durante los primeros días de agosto del 2024 cuando Marcelo Gallardo ingresó a la nueva terraza lindante a la tribuna San Martín y dijo sus primeras palabras oficiales en su segunda etapa como DT de River, tan solo 20 meses después de haberse ido del lugar donde pasó literalmente más de la mitad de su vida.

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Se respiraban aires totales de optimismo y esperanza, las sonrisas se multiplicaban en cada rincón, y estaba la sensación latente de que la casa volvía a estar en orden en manos del hombre que nos dio las alegrías futbolísticas más grandes de nuestras vidas y que tiene ganado un lugar de máximo privilegio en la historia del fútbol argentino y en lo más profundo de nuestros corazones.
Tan complicado de explicar resulta aquello como el hecho de entender que tan solo un año y medio después el Muñeco iba a grabar un video solitario en la cancha uno del River Camp entre nubes oscuras de fondo, con un nudo en la garganta que nos contagió a todos mientras se tocaba el escudo y lo apretaba contra su corazón, y se lamentaba por no haber podido conseguir los objetivos trazados a lo largo de este nuevo ciclo, teniendo que decir un adiós que nunca hubiera querido en este momento pero que para sus adentros resultó inevitable.
Y las dos primeras sensaciones que empezaron a sobrevolar internamente estuvieron ligadas a la aceptación por un lado y a la angustia por el otro. En primer lugar asumir que ha sido una decisión sensata y necesaria para tratar de descomprimir gran parte de este contexto deportivo incomprensible desde los rendimientos y desde los números. No se podía seguir estirando un ciclo que durante los últimos meses del 2025 empezó a acelerar en caída libre y que en este comienzo del 2026 iba por la misma tendencia más allá de algunas tibias señales en momentos puntuales de partido que no alcanzaron nunca a cambiar los vientos en contra que ya venían arrasando y que volvieron a aparecer con toda la furia desde el 1-4 espantoso con Tigre en adelante. Había que cortar la hemorragia de una vez por todas, sobre todo después del cúmulo de desgracias que aparecieron todas juntas en la noche de Liniers.
Y desde el otro costado del corazón fue inevitable que la tristeza se apoderara de nuestras almas. Porque verlo vulnerable al héroe de todos los tiempos no te puede resbalar nunca por dentro. Porque más allá de toda crítica por errores cometidos la admiración, el respeto y el agradecimiento jamás se negocian. Y porque nunca dejará de ser un golpe enorme para toda aquella ilusión que había generado su regreso que además había sido muy pronto luego de su partida. Dolió una barbaridad ese video solitario en el predio y verlo con esa mirada triste y abatida de no haber podido concretar lo que deseó en esta nueva etapa, pero a la vez entendemos que fue una decisión sumamente correcta y acorde a lo que el contexto deportivo le pedía.
La muestra más clara que el amor hacia él será eterno e indiscutido se verá con el mayor resplendor posible el jueves por la noche en el Monumental, donde no faltarán las lágrimas y donde volverá a florecer la nostalgia de una nueva despedida que se da tan solo tres años y pico después que la anterior. Pero en ese abrazo eterno que nuevamente aparecerá entre el Muñeco, las cuatro tribunas y los millones y millones de hinchas por todo el mundo, también se generará en la atmósfera la sensación que, si él así lo considera, será un hasta luego y no un punto final.
Porque Gallardo con esta decisión pensante, madura y consciente de la realidad, sumado a todo lo que significará siempre como emblema histórico del club, sabe que indudablemente dejará las puertas recontra abiertas para un tercer ciclo en el momento en que todas las condiciones puedan estar dadas para eso, ya habiendo pasado mucha agua bajo el puente. Un hombre como él que significa River en su máxima expresión merece que el final de la historia con el lugar más significativo de su vida sea a la altura de todo lo que ha cosechado y conseguido.

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El Monumental como tal y más allá del estadio en sí es el sitio que lo vio crecer, madurar, emocionarse, conseguir gloria eterna, y sufrir y aprender de las derrotas. Ni más ni menos que el lugar que conoce casi como nadie y donde siempre tendrá un ejército de almas que lo va a contener e idolatrar de la manera que solamente él puede generar. Las gracias son eternas, Marcelo, y el jueves en nuestra casa quedará claro otra vez que, más allá que era necesario el cambio de aire, la noticia no tapará la historia bajo ningún punto de vista. Hasta la próxima aventura.





