Finalizó el segundo ciclo de Marcelo Gallardo como entrenador millonario. Terminó de una manera impensada y con un sentimiento de profunda tristeza por ver al mas ganador de todos, resignado ante su gran derrota. Nadie imaginó aquel 5 de agosto del 2024 que esa euforia y felicidad que invadía a todo el Mundo River por su regreso, iba a tener un desenlace tan negativo. Fue una etapa traumatica para Gallardo que tuvo que convivir con muchas derrotas. Con cuestionamientos y críticas inéditas a lo largo de su vida de Entrenador. Con dudas de propios y extraños sobre su capacidad de trabajo y gestión. Y fundamentalmente tuvo que transitar todo este tiempo con un River que nunca logró parecerse a “su” River. Y sin dudas ese terminó siendo su pecado mas grande.
Mezcla de sentimientos
Nos hemos enojado mucho durante este año y medio de su mandato. Sinceramente muy pocas veces ver jugar a River nos llenó los ojos. Posíblemente lo mejor haya sido aquel arranque del 2024 con las clasificaciónes ante Talleres y Colo Colo en Libertadores y la gran victoria ante Boca en La Bombonera. Quizas tambien podría entrar en consideración ese trimestre de marzo, abril y mayo del 2025. Un tramo en el cual el equipo gustó ganó y goleó como marca la historia y al que sumó un nuevo triunfo Superclasico en aquel 2 a 1 al Boca de Fernando Gago. Muy poco. No alcanzó con ese puñado de partidos para cumplir con la expectativa generada por su sola presencia. Es que tenerlo al Muñeco otra vez en casa, después de un primer ciclo glorioso, histórico e imborrable, nos renovaba el ánimo. Nos hacía volver a creer. El ciclo de Martín Demichelis atravesaba una crisis futbolística y de vestuario que lo iba consumiendo. El DT, aún dejanto 3 títulos, iba agotando su crédito y empezaba a perder el encanto con la gente partido tras partido. Fue en ese momento que aparecieron en el Muñeco las ganas y el deseo de volver y el resto ya es historia conocida.
No volvió el mismo Gallardo
Todo parecía regresar a la normalidad. La dirigencia recuperaba al gestor de los triunfos mas importantes de la historia. Tenerlo a Gallardo otra vez era sinónimo de victoria. Festejábamos a cuenta. Dabamos por hecho triunfos deportivos que lamentablemente nunca llegaron. El primer golpe fue la semifinal de Libertadores con Atletico Mineiro. A partir de ahí todo se fue derrumbando y la caída se hizo permanente. Lo que de su mano iba a ser un camino placentero se fue convirtiendo en un recorrido angustiante. No apareció su magia, ni su impronta. Estábamos acostumbrados a tener ventaja con él sentado en el banco. En el pasado siempre fue nuestra carta ganadora. Este presente no entregó nunca aquellas sensaciones y luego de un mal Mundial de Clubes su ciclo entró en un tobogán que el domingo pasado encontró su piso final en el estadio de Velez. De nada sirvieron los millones de dólares invertidos en incorporaciones, ni los regresos de jugadores con pasado exitoso o de renombre internacional. Ninguno funcionó. Ni los que llegaron ni los que estaban. El error en la elección de los refuerzos potenció la crisis. Sumado a que muchos de los que fueron dejado de lado terminaron rindiendo en otros clubes. River se renovó bajo su supervisión cada seis meses pero nada mejoró. Armó y deshizo a su gusto pero nunca encontró el plantel que le responda.

Gallardo se va con historial positivo frente al rival de toda la vida.
Un 2025 en el que tocó fondo
El cierre del 2025 fue tremendo. De la eliminación con Palmeiras para adelante todo fue un infierno. Derrotas tras derrotas. Nos acostumbraron a perder, incluído el duelo con Boca. Fracasos en el Campeonato y la Copa Argentina. Decepción grande al no clasificar por primera vez en 10 años a la Copa Libertadores y una profunda preocupación al ver a un River que dejo de asustar a sus rivales y jamas identificó a su gente. El 2026 era el año de la reivindicación. El de arrancar de cero. El de renovar el contrato asegurando que se iba a volver a ganar. Una y otra vez Gallardo se encargó de manifestar que el 2025 había quedado atrás y que se iniciaba una nueva etapa. Se lo veía convencido. La realidad fue muy diferente. Su torneo apenas duró 6 fechas. La piña de Tigre lo confundió, la de Argentinos Juniors lo lastimó y la de Velez lo noqueó. La ilusión del Nuevo River solo se sostuvo por 30 dias. Nunca logró construir cimientos sólidos para mantenerse firme. La primera adversidad lo volteó. No tuvo como sostenerse y eso lo llevó a tomar la triste decisión de la renuncia. River y Gallardo terminaron teniendo una relación tóxica. Ambos se amaban y necesitaban pero se hacían daño uno a otro. Record de dérrotas. Campañas pobrísimas en resultados. Decisiones que se tomaban y no funcionaban. Cambios de jugadores. Modificaciones de sistemas. En febrero ya había probado todo lo que tenia a disposición. Demasiado rápido se quemó el escaso crédito que le quedaba tras un año y medio muy flojo. Crédito que solo lo tenía por llamarse Marcelo Gallardo. A cualquier otro DT lo hubiesen echado antes. Aquí por respeto a su historia ganadora no se le soltó la mano y se lo sostuvo hasta que el propio Muñeco dijo se acabó.

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Faltas de respeto hacia Gallardo, jamás
Comprendo que el ciclo fue un fracaso y lo de River en todo este tiempo se convirtió en una agonía. Dije y critique siempre en cada una de estas columnas lo que no me gustaba. Defendí su permanecía desde la confianza que me inspira su sabiduría futbolística. Me costo aceptar el fín de ciclo. No tenia ganas de verlo vencido. No esta bueno pisotear a los idolos. Por eso nunca comprendi la falta de respeto o la descalificación hacia un tipo que hizo a River más grande de lo que ya era. Muchos lo estaban esperando y hoy estarán felices. Se sentirán los dueños de la verdad con una enorme satisfacción personal viéndolo de salida y totalmente vencido. Ellos sabrán como es convivir con la pesada mochila de haber militado en contra del DT mas importante que tuvo la historia de River. Quien tuvo el gesto de amor y compromiso con el Club que ellos tanto exigían, pero que al mismo tiempo, gritaban y afirmaban que jamás lo iba a tener. Gallardo puso al escudo por delante. Dejó de lado cualquier aspecto egocentrico y priorizó la salud de River. Tomó la iniciativa de dar un paso al costado. Gozaba del respaldo dirigencial y hasta podía especular con su permanencia sabiendo que el Monumental nunca sería un lugar hostil hacia él. Si lo deseaba seguía todo el tiempo que considere necesario o se aferraba a su cargo sin soltarlo. Sin embargo no fue necio ni un egoísta. Pensó en lo mejor para River y abandonó el puesto que siempre le va a pertenecer por los inmensos logros conseguidos.
Se va el Muñeco y hay tristeza. Nuestro símbolo mas ganador se va derrotado. Eso no nos gusta. Los jugadores no le respondieron ni lo ayudaron a salir de esta crísis. Ellos seguirán y Gallardo no. Suena lógico pero también injusto. Este plantel deberá entender que no puede seguir fallando y que llegó el momento de dar la cara y hacerse responsables de lo que viene que ya no será con Gallardo como escudo protector. El jueves se despide para poder volver mas adelante. Este adiós es momentáneo y no definitivo. Las puertas quedan abiertas para el futuro. La estatua no se mancha. Se va cuestionado pero con el amor intacto de la gente. Ninguna derrota le quitó su estatura de Leyenda para la historia de River Plate.





