Alejandro Domínguez jugó un buen partido. Sin romperla, fue por lejos el que más la pidió y el que más peligro llevó al área de Rosario Central. Examen aprobado para el ex-Valencia en la posición que más daño hace.

River consiguió un punto raro. ¿Por qué? Porque por estas horas no se sabe si suma o si resta. A algunos jugadores se los notó nerviosos y sólo unos pocos dieron la cara en esta final. Uno de ellos fue Alejandro Domínguez, que volvió a ser de lo mejor del equipo.

El Chori no la rompió ni estuvo cerca de hacerlo, pero constantemente fue la mejor y más peligrosa carta de ataque del equipo de Almeyda. Con enganches y desbordes precisos, preocupó a todo el Gigante de Arroyito durante los noventa minutos.

Además, hizo amonestar a su marcador, volvió loco a todo el sector izquierdo de Rosario Central y generó varias faltas cerca del área que, si el equipo hubiera estado más fino a la hora de cabecear, hubieran modificado el marcador.

Una de las claves para el repunte del Chori en su rendimiento fue el sector de la cancha en el que jugó. Abandonó la función de enganche para ponerse donde más lastima, ahí, en el costado derecho.

Faltan sólo tres fechas y el nivel del equipo, si bien no es preocupante, está lejos de ser el esperado. Sin embargo, que jugadores tan importantes como el Chori Domínguez aparezcan y en buen nivel en este tipo de partidos invita a ilusionarse con un final de temporada que tenga a River festejando.