Tras la derrota superclásica, River quedó sumergido en un decaimiento aún más profundo. Lejos del optimismo que aparentaron en el verano, sus referentes ya no responden adentro ni afuera de la cancha. Y el resto del plantel irradia inseguridad en un semestre al que algunos catalogaron como de transición, pero que resultará clave para el futuro del club. ¿Promedio, Sudamericana? El detalle de todo.
Las elecciones que encumbraron a Daniel Passarella como nuevo presidente del club, renovaron los aires de una institución completamente viciada por los tejes y manejes de Aguilar. Y los referentes del plantel, aprovechando los triunfos logrados frente a Boca durante los torneos de verano, buscaron replicar ese efecto de cambio y optimismo puertas adentro del vestuario. Almeyda, Gallardo y Ortega asumieron sus roles de líderes e intentaron alimentar el autoestima de sus compañeros.
Hablaron de campeonato, de confianza en el grupo y de un buen ánimo generalizado, que quizás era exagerado, pero que apuntaba a transmitir una confianza que fuera capaz de revertir la mala racha que abrumaba al equipo desde 2008. Una decisión incuestionable para un plantel sumamente golpeado, pero que más temprano que tarde terminó sin dar resultados. Es que no bien empezó el Clausura, River demostró las mismas limitaciones que en el torneo pasado lo llevaron a lograr 21 de los 57 puntos que estuvieron en juego: las dificultades defensivas y una ausencia goleadora que hizo estragos en cada uno de sus partidos.
El fiel reflejo de esto último se dio el jueves en La Boca. Allí, los delanteros millonarios no le pudieron convertir al equipo más goleado del campeonato, que recibió 18 goles en sólo diez fechas. Una cifra estrepitosa que ni siquiera River, con todos sus mamarrachos defensivos, pudo alcanzar (recibió 10 goles). Entonces, la caída en La Bombonera resultó el toque de gracia que parece haber dejado en la lona a los dirigidos por Astrada. Todo esto en medio de un clima que se oscurece aún más a la hora de repasar los números acumulados, que señalan una tendencia meramente negativa por tercer año consecutivo.
Luego de los -hoy utópicos- 71 puntos que acumuló en la temporada 2006/07, vinieron los 66 de la 2007/08 que incluyeron el título de Simeone, los 41 de la 2008/09 y las escasas 33 unidades de la actual. O sea, con nueve fechas por delante, River tiene que conseguir ocho puntos para al menos igualar lo que fue una de las peores temporadas de su historia. En definitiva, son números que -lejos de ser estadísticos- ya lo dejaron afuera de una Libertadores y que ahora no sólo lo posicionan a 15 inalcanzables puntos de clasificarse a la Sudamericana, sino que además lo vinculan con temas de promedios y promociones que históricamente resultaron ajenas a la trayectoria del club.
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