Los jugadores de River pagaron muy caro su apatía indisimulable y tuvieron una tarde para el olvido en el Bajo Flores. Pero aquellos que se creyeron a la altura de un Superclásico y que tanto se mofaron de las declaraciones de Ahumada, hicieron un verdadero papelón aún ganando por goleada. La hinchada de San Lorenzo le ganó el duelo de la amargura a los dirigidos por Gorositoy -pese al 5 a 1- se fue del Nuevo Gasómetro en medio de un verdadero silencio atroz. ¡Mucho telón para semejante amargura!
En sólo el primer cuarto de hora, el partido ya estaba 3-0. Al equipo de Russo, que venía de perder con Godoy Cruz y Estudiantes, le bastó con apretar un poquito a los apáticos jugadores de Gorosito para abrirse camino a la goleada. Aunque cuando River vio que San Lorenzo no era más que la consecuencia de sus propios errores, se animó y “fue a buscarlo”, si es que se puede decir que fue a buscarlo.
Como sea, ahí nomás el club de los cien barrios porteños (o al menos de Almagro, Boedo y el bajo Flores) se replegó con cierto temor y mantequita Orión dio prueba del enorme respeto que le tienen a la camiseta de River: su nerviosismo lo llevó a dejar escapar un débil disparo de Buoanotte y facilitó el 3-1 que enmudeció a todos los hinchas del Ciclón. Sí, porque diferencia abultada al margen, por un momento todo Boedo temió la resurrección millonaria.
Pero en medio de un contragolpe, Cabral perdió en la carrera con Bergessio y el delantero le puso fin a un partido para el olvido. Entonces el segundo tiempo tranquilamente pudo obviarse, aunque lo cierto es que en las tribunas lo mejor estaba por venir: sobre el final del encuentro, quedó demostrado que no existe goleada capaz de simular la amargura innata que caracteriza al Club Sin Libertadores de América.
En el momento en que el equipo de Russo se floreaba y la hinchada de River deliraba al ritmo de “jugando bien o jugando mal, no me importa nada, te vengo a alentar”, los cuervos apenas alentaban. Por lo que en el afán por querer levantar a su gente, desde la platea descubierta intentaron desplegar un telón con las iniciales del azulgrana. Ese simple acto que buscó animar a los hinchas de San Lorenzo, terminó por crucificar a todos y cada uno de los santos.
Es que la amargura de sus hinchas fue tal que ni siquiera lograron desplegar la bandera gigante, que tras dos intentos por relucir, finalmente tuvo que desistir para volver a esconderse detrás de la tribuna. Entonces un verdadero silencio atroz de la hinchada de San Lorenzo quedó completamente contrastado con la locura de los hinchas de River, que lejos de acusar recibo por la goleada, se quedaron media hora cantando después de que terminó el partido.