Fue titular luego de ocho meses y medio, en los que se recuperó de una enfermedad que lo mantuvo fuera de la actividad. Anoche recibió tres goles y si bien no tuvo responsabilidad directa en ninguno, tampoco conformó. Por eso, junto a Navarro, hicieron extrañar a Vega.
Su último partido con la camiseta de River estuvo lejos de ser un disfrute: fue el 30 de abril del año pasado, cuando el por entonces equipo de Néstor Gorosito cerraba su participación en la Copa Libertadores con una eliminación en primera fase, ganándole por 3 a 0 a San Martín de Porres. Detrás de aquél partido, Juan Marcelo Ojeda atravesó varios meses de calvario y no precisamente por el aspecto futbolístico.
A fines de junio, sobre la etapa final de las negociaciones que lo harían emigrar al fútbol mexicano, se sometió a una revisión médica y los análisis indicaron que sufría una leucemia crónica. Ello lo obligó a apartarse del fútbol profesional y empezar un tratamiento que le demandó algunos meses, pero que jamás lo apartó de su deseo de volver a jugar. Así, en la última etapa del Apertura y bastante antes de lo previsto, se reincorporó al plantel millonario.
Aunque el arquero tuvo que esperar hasta ayer para volver a ser titular en River. Frente a Independiente en Salta, Ojeda tuvo la posibilidad de mostrarse en su ambición por recuperar el arco de La Banda, pero los tres goles del Rojo y la poca resistencia que ofreció en algunos pasajes del partido, no lo ayudaron demasiado. Aunque también es cierto que fue el primer partido después de ocho meses y medio alejado de las canchas y que le tocó lidiar con una defensa millonaria que estuvo lejos de jugarle a favor.
Aún así, entre la pobre actuación de Nicolás Navarro contra Racing y las varias dudas que generó Marcelo anoche, el hincha espera con ansias volver a ver a Daniel Vega. El Indio se quedó entrenando en Buenos Aires con gran parte de los titulares y es prácticamente un hecho que el miércoles será el arquero titular frente a Boca. Ojo, eso no quita que Ojeda no merezca nuevas oportunidades, en absoluto, pero contra el rival de toda la vida no se pueden dar ventajas ni hacer excepciones.
Foto: La Página Millonaria (Salta – Enviado especial)