En La Plata quedó evidenciado que River depende casi exclusivamente de la jerarquía individual de sus atacantes, y si éstos fallan, el equipo no sabe suplirlos.
Quizás nublados por la alegría de una goleada, mucha gente no se dio cuenta en la cancha de Vélez hace poco más de una semana que River no había tenido un buen funcionamiento colectivo, sino que contó con delanteros inspirados.
Pero los goleadores millonarios son humanos, y pueden tener partidos malos, como el de ayer. Eso, sumado al fastidio que viene mostrando el Chori Domínguez, hace que el equipo de Almeyda se quede sin variantes a la hora de tomar protagonismo en el área rival.
Está claro que River juega mejor con el 4-4-2, aunque resulta muy difícil sacar a alguno de los de arriba: el Chori es casi el único armador de juego que hay en el plantel, Cavenaghi es el goleador del campeonato y Trezeguet mete casi todas las que tiene.
Entonces, ¿qué hacemos cuando no tienen un buen partido? La lógica indica sacar a uno, al menos en ese partido. Sin embargo, el Pelado prefirió seguir metiendo delanteros para atorar al rival.
Rogelio Funes Mori y Andrés Ríos están varios escalones por debajo de los goleadores millonarios, pero no necesariamente se necesita hacer un cambio de jugadores del mismo puesto. Resulta llamativo tener a Martín Aguirre siempre esperando para tener sus quince minutos, en los que ayer, por ejemplo, hizo expulsar a Goux y casi gana el partido.
Almeyda demostró que no se “casa” con los jugadores -léase los casos de Ferrero, Chichizola y Cirigliano-, pero el funcionamiento de los últimos partidos pide un cambio táctico a gritos.