En sólo cuatro partidos, el equipo de Pipo redobló tres rachas que a River le eran altamente adversas desde hacía meses: ganar dos partidos seguidos, cantar victoria en el Monumental y liderar un campeonato. Inlcuso, hasta consiguió un referente para el grupo y un ídolo para la hinchada.

Es demasiado prematuro hacer conclusiones apenas disputadas tres fechas del Clausura y una de la Libertadores, pero el pasado de River hasta hace sólo tres semanas era tan lapidario que este presente inesperado resulta cuanto menos esperanzador. Principalmente, porque el equipo de Néstor Gorosito logró pequeños detalles fundamentales que hasta ayer nomás parecían inalcanzables, utópicos, para La Banda.

Acaso, luego de la alarmante y penosa derrota en el Superclásico de Mendoza, quién creería que River obtendría 10 de los 12 puntos oficiales que disputó en este 2009. Nadie, ni siquiera el más optimista del Mundo River. Sin embargo, el conjunto de Núñez hizo en estos cuatro partidos todo lo que no hizo en los últimos ocho meses: salió a jugar con ganas de jugar, así de simple. Entonces, la predisposición fue otra desde el vamos y los resultados, claro, también.

A tal punto, que de tanto sumar, el equipo de Gorosito logró redoblar ciertas rachas negativas en sólo semanas. A saber: volvió a ganar dos partidos seguidos, que luego se convirtieron en tres, volvió a cantar victoria en su propia casa y hasta volvió posicionarse en lo más alto de la tabla tras un semestre negro que lo ubicó último por primera vez en su historia.

Por eso, más allá de que lo ocurra después, al menos River empezó el año demostrándose capaz de quitarse todos esos fantasmas que tanto lo agobiaron en los últimos tiempos. Incluso hasta pudo revertir un partido, aguantar un resultado y abrochar la victoria en el momento justo, aspectos claves para que los jugadores recobraran un mínimo de confianza. Y como si todo eso fuera poco, también apareció Fabbiani, el guía adentro de la cancha y el líder que absorbe la presión de la tribuna.

Foto: Fotobaires.