Cuando la Bombonera se preparaba para festejar el triunfo de un superclásico mediocre, en el que ni Boca ni River generaron nada, el ídolo millonario se despachó con una exquisitez de otro partido para sellar el empate y amargar -aún más- al eterno rival. Después, Falcao desperdició el gol del triunfo y ambos se conformaron con una igualdad que no favoreció a ninguno.

En una tarde de sol y tenue calor, seguramente producto de la ausencia de Riquelme en el campo de juego, River y Boca jugaron un partido para el olvido, en el que demostraron por qué los dos equipos más grandes del fútbol argentino naufragan en un mar de irregularidad bien alejado de la punta del torneo Clausura.

Tras los fuegos artificiales que pagó la dirigencia de Boca y el recibimiento que tuvo River producto exclusivo de la pasión de sus hinchas, adentro de la cancha hubo primer tiempo que no fue más que un partidito. Apenas un cabezazo de Fabbiani, que no le ocasionó mayores problemas a Abondanzieri, y un remate deBattaglia que se fue apenas por encima del arco de Vega fueron las jugadas más claras de unos 45 minutos iniciales más luchados que jugados.

Las emociones recién llegaron en el complemento, aún cuando ambos equiposmantuvieron la mesura impropia del espectáculo más atractivo del mundo. Boca abrió el marcador gracias a la endeble y pasiva defensa millonaria, como no podía ser de otra forma. Palermo recibió solo a 30 metros del arco y desde ahí convirtió un gol típico suyo, pegándole con fuerza y la pata de palo, ante las miradas despreocupantes de Cabral y Nico Sánchez.

Fue el1-0 que, por lo malo que era el partido y lo poco que pesaba River en ataque, amagó con convertirse en victoria segura para Boca. Sin embargo, a los 23 minutos y después de patear mal cuanto centro intentó, Gallardo sacó a relucir su magia para enmudecer a toda la Bombonera. De tiro libre, logró un empate impensado que incluso pudo convertirse en victoria si Falcao convertía el jugadón que armó con Buonanotte. Pero no se pudo y después no hubo tiempo para más. O sí hubo, pero la mediocridad de ambos equipos los llevó a conformarse con el empate.

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