River volvió a la cancha de Independiente y sus jugadores se mostraron fieles a la apatía que caracteriza a los de Avellaneda. Los defensores de La Banda -responsables de los goles de Gandín y Silvera- jugaron parados y los delanteros desperdiciaron cada una de sus jugadas. Así, el equipo de Astrada cerró otra semana enmarcada por una mediocridad abrumadora: poco fútbol, menos goles y apenas 4 puntos de 9 en juego.
Tras el empate agónico ante Gimnasia y el triunfo inesperado contra San Lorenzo, el conjunto de Núñez tenía frente a Independiente la oportunidad de cerrar la seguidilla de tres partidos consecutivos con un saldo positivo, al menos desde los puntos. Si ganaba en Avellaneda, hubiera capitalizado siete unidades más que importantes para el presente y el futuro del equipo.
Y así parecieron entenderlo los dirigidos por Leonardo Astrada en los primeros minutos del encuentro, cuando -sin escapar de sus clásicos desajustes- se mostraron levemente más incisivos que el rival. Primero, Abelairas desbordó por izquierda y sacó un remate con claro destino de red, pero Gabbarini puso manos de acero para ahogarle el grito al volante. Y segundo, tras el rebote de esa misma jugada, Canales encontró la pelota boyando en el área grande y bien pudo cobrarse revancha, pero se demoró y lograron cubrirlo a tiempo.
Después, Rojas improvisó algunos tiritos de media distancia y a Funes Mori hasta llegaron a anularle un gol, además de cobrarle una posición adelantada inexistente justo cuando se escapaba solo frente al arco rival. Así, en la primera media hora, River había generado chances como para ponerse en ventaja. Sin embargo, a los 38, Juan Manuel Díaz quedó enganchado en el intento de achique que tiraron Nico Sánchez y Ferrero, y Darío Gandín no desaprovechó la oportunidad: el delantero del Rojo recibió un pase frontal y definió mano a mano ante un Vega que nada pudo hacer para evitar lo que fue el 1-0 parcial y lo que posteriormente significaría la defunción millonaria.
Es que a partir de ahí, River fue una sombra. En el inicio del complemento, los defensores de La Banda no hicieron más que ver pasar la pelota y entre Busse, Gandín y Silvera se armaron un festival que terminó con el 2-0 inevitablemente final, aún cuando todavía quedaba media hora de juego. Es que además de los enormes problemas defensivos que tenía La Banda, los delanteros tampoco dieron señales como para soñar con un utópico empate. Ni siquiera los esporádicos toques de Gallardo pudieron meterlos en el partido. Para esa altura, la amargura del Rojo ya se les había perpetrado.
Imagen: Fotobaires.