Ángel David Comizzo es, para una generación de hinchas de River, uno de sus primeros ídolos por lo hecho en sus dos ciclos como arquero. Sin embargo, no hay dudas de que el cariño de la gente tiene un día de inicio marcado y es el 24 de julio de 1989. Durante un Superclásico que se tuvo que definir por penales, apareció para atajar tres remates y empezar a escribir una gran historia en la institución.

En la temporada 1988/89 del fútbol argentino existía una novedad atípica para nuestros tiempos. La Asociación del Fútbol Argentino estableció que, si un partido terminaba en empate, se debía pasar de manera obligatoria a una tanda desde los doce pasos para sentenciar a un ganador. El premio era tener un punto bonus que brindaba dos unidades en total, mientras que el perdedor no sumaba nada.

Durante una visita a la Bombonera, el partido finalizó 0 a 0 después de una dudosa decisión del árbitro Juan Antonio Bava de anular un gol lícito de Daniel Alberto Passarella. Finalmente, fueron a los penales, siendo la primera vez que ambos equipos definían a un triunfador a través de esa vía. Fue 4 a 3 para el Milllonario, dirigido por César Luis Menotti en ese entonces, con el Flaco como héroe al tapar tres disparos.

El recuerdo de Comizzo sobre los penales en la Bombonera

Walter Perazzo, Iván Stafuza y José Luis Cuciuffo fueron sus víctimas y quienes no pudieron frente a sus manos. En una entrevista exclusiva de La Página Millonaria con Nicolás Distasio, Comizzo recordó esa jornada que marcó un antes y un después para él tras no haber tenido una gran adaptación cuando llegó a Núñez desde Córdoba: “Significó mucho para mí. Me reforzó mucho más”.

“Si bien yo siempre fui de tener una personalidad donde no tenía ningún tipo de problema porque las locuras que hacía la hacía desde el primer día que debuté en Talleres de Córdoba, pero sí necesitaba eso. Era como necesitaba eso. Y ese espaldarazo de la gente de River que a partir de ese día cambia todo, cambia todo. Cambió todo, cambió la energía, la onda. Sí, sí, fue algo fue algo lo de ese día en la cancha de Boca fue espectacular”, añadió.

El país se hizo eco de ese Superclásico que lo marcó y lo llevó a ser tapa de El Gráfico, donde portaba un inolvidable buzo amarillo y mencionaba: “Este puesto es mío por diez años”. Disputó 130 partidos entre 1988 y 1993, cuando le tocó hacer carrera en otros equipos, pero en 2001 regresó a River para otras 50 presencias hasta 2003. Con el manto sagrado ganó cuatro títulos de Primera División.