Seamos sinceros entre nosotros. Era un partido para ganar, gustar y golear. La noche perfecta y el rival indicado para tomar confianza. Y lo dejamos pasar. No intentemos buscar excusas o justificativos, ni tampoco algún foco positivo que nos permita valorar una victoria deslucida que solamente nos dejó 3 puntos y nada más. Esperabamos otra cosa. Por supuesto que sumar es muy importante para clasificarnos a los playoff y acercarnos en la tabla anual a los puestos de Copa Libertadores, pero desde el juego y el funcionamiento fue apenas un triunfo corto. De esos que no nos llenan. Ajustado y sin brillo ante el peor equipo del campeonato.

Asistí al Monumental después de 21 días con la expectativa de ver un River mejorado, que le haya podido sacar jugo a un periodo extenso de entrenamiento para ir convertiendose en un equipo mas estructurado, mejor armado y que responda en base a las exigencias normales que tenemos todos a la hora de verlo jugar. Nada de eso sucedió. Vi lo de siempre. Lo que vengo viendo a lo largo de todo este torneo. Un equipo que no convence ni enamora. Que aún ganando te deja preocupado. Que no logra conseguir, desde su capacidad futbolistica, una actuacion sobresaliente que nos inspire confianza y entusiasmo. Este River no logra hacerse respetar. Ni en la cancha por sus rivales ni en las tribunas por su gente. Está todavía en un proceso de construcción y le juega en contra el tiempo, porque estamos entrando en zona de definición donde la competencia y la presión van a ser mayor.

¿Estamos preparados para lo que queda?

Eso es lo que nos tiene inquietos. No saber si estamos preparados para afrontar como nos gustaría, esa etapa decisiva que incluye Superclásico en La Bombonera y los mata-mata en busca del título. Y no saber eso tras 11 fechas disputadas es grave. Porque River tiene jugadores que entusiasman, pero un funcionamiento que deja dudas. Los apellidos nos seducen, pero lo que muestra el equipo hasta ahora no nos convence. Somos una Selección con un nivel colectivo que no va de la mano con la jerarquia individual que tenemos. Ayer River fue un equipo de mucha posesión pero que lastimó poco. Un equipo que por ahora insinúa mas de lo que concreta. Un equipo que jugando asi podrá ganarle a Estudiantes de Rio Cuarto, pero que seguramente no podrá conorar ni salir campeón.

Siguen siendo evidentes las falencias en las 2 áreas. En la nuestra le damos posibilidades hasta a un equipo como el cordobes que no tenía con que atacarnos. Los últimos 5 minutos nos pasamos mirando el reloj solo por la desconfianza que sentimos cuando nos toca defender. En la de enfrente nos falta esa presencia que se imponga. El hombre gol. Ese jugador que pueda sacar provecho de todo lo que el equipo genera de mitad de cancha hacia adelante. Falta ese goleador que participe poco y convierta mucho. El 9 que la meta. No son las características principales de Sebastian Driussi, ni tampoco las de Rafael Borre. Quizas si las de Lucas Beltran, pero parece ser la tercera opción para el DT y estar lejos del nivel mostrado con Martin Demichelis. Hoy la ecuación es al revés. Los delanteros se muestran activos, se mueven, salen del area y forman parte del circuito de juego. El problema es que nadie tiene vocación de definidor. Hay elaboración pero falta contundencia. Y se ha visto que si este River no es contundente, se le puede complicar cualquer partido de un momento a otro.

Lautaro Pereyra, el mejor

Lo mejor de la noche del Monumental fue la actuación del pibe Lautaro Pereyra. Se lo vió encarador, pidiendo la pelota siempre, animandose al uno contra uno y generando peligro en cada una de sus intervenciónes. Le faltó el socio. Ni Ángel Correa ni Sebastián Driussi tuvieron una gran noche y tampoco Tomás Galván o Tobías Andrada hicieron ese partido que le permita a Pereyra encontrar su complemento ideal. Quizás el que más se acercó y mejor lo acompañó haya sido Marcos Acuña. El Huevo fue clave por izquierda y ademas convirtió el único gol que significó el triunfo millonario. Cuando el DT lo reemplazó por Thiago Almada desde las tribunas bajó el reconocimiento en forma de aplauso para un chico que desde su habilidad y desparpajo ya empieza a ganarse un lugar en este presente futbolístico. Es lógico que en un plantel con tantos nombres le toque ser suplente, pero es interesante saber que para un encuentro de tramite cerrado se puede mirar al banco y ver en su habilidad, una posible llave para destrabar los partidos.

Ahora vendrá el viaje a Junin. Sarmiento de local será mucho más duro este flojo Estudiantes de Rio Cuarto. Si repetimos una actuación parecida la podemos pasar mal. Y esta apretada realidad numérica de River prohíbe cualquier tropiezo. No tenemos mucho margen. Hay que ganar todo lo que queda. Los 15 puntos en juego. El que no lo entienda de esa manera no sabe nada de la grandeza de este Club. Jugando así parece ser una mision imposible, pero hay que confiar en que lo de ayer haya sido el piso de un rendimiento que vaya creciendo partido a partido. Hay mucho en juego para no darse cuenta de como debe encararse este tramo final. River Plate pone en juego su prestigio y el de sus futbolistas, la continuidad de Leo Ponzio en el 2027 y fundamentalmente nuestra felicidad. En el último tiempo nos hemos olvidado de lo que es sonreír por fútbol. Son muchas frustraciones y llegó la hora de ponerles fin. Hay que ganar el miercoles y dejar otra imagen. Empezar a mostrarle al resto el poderío que tenemos. River debe sacar pecho y ganarse el respeto futbolístico de sus rivales y también de su gente. La que acompaña y alienta pero viene recibiendo poco. La que sueña con ser campeón y no quiere sufrir mas pesadillas.