Lucas Martínez Quarta fue junto a Nicolás Ramírez, uno de los principales responsables de la derrota de River en el Superclásico. El defensor vio la tarjeta roja en los primeros minutos del partido y dejó a su equipo con uno menos de forma prematura. Un nuevo error que se suma a los tantos otros que ha cometido el central desde su vuelta.
Hace tiempo que la relación entre MQ y los hinchas está totalmente rota. La eliminación ante Independiente Santa Fe, de la cual también fue responsable principal (cometió el penal para el empate de los colombianos y erró su penal en la tanda), parecía marcar su fin de ciclo. Sin embargo, Ponzio pidió por su continuidad y el club desistió de venderlo.

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Y aquella apuesta le terminó costando más que caro a River. Los errores persistieron y Martínez Quarta nunca pudo estar a la altura. Lo sucedido este domingo en La Bombonera es simplemente uno más de los tantos ejemplos que hay en los tiempos recientes. Y mirar en retrospectiva expone aún más al defensor.
La inexplicable diferencia de decisiones de Martínez Quarta
El contraste entre dos jugadas recientes expone la contradicción. Cuando transcurrían apenas seis minutos del primer tiempo del Superclásico, Martínez Quarta salió a anticipar, pero se vio sorprendido por el pase en profundidad de Ascacibar y, con Merentiel yendo mano a mano con Beltrán, el central de River decidió cortarlo desde atrás.
El delantero de Boca cayó al suelo y Nicolás Ramírez omitió la falta en primera instancia. Sin embargo, después del llamado del VAR, el juez decidió mostrarle la tarjeta roja al defensor por cortar una ocasión manifiesta de gol. De esta forma, Martínez Quarta dejó a River con uno menos sin siquiera haber llegado a los 10 minutos del Superclásico.
Pero tan solo algunas semanas atrás, en una jugada muy similar ocurrida en la derrota de River ante Tigre, MQ hizo lo opuesto. Aníbal Moreno perdió la pelota en el medio e Ignacio Russo quedó mano a mano con Beltrán. Martínez Quarta corrió al delantero desde atrás y llegó a alcanzarlo, pero decidió no cortar su avance con falta.
Si bien hacerlo hubiese representado la expulsión para el defensor, también le hubiera evitado a River perder aquel partido o, por lo menos, hubiera hecho que aquella jugada no terminara en gol. Y aquel día en Victoria, tan solo faltaban 12 minutos para el silbatazo final, mientras que este domingo en La Bombonera restaban más de 80 minutos de juego.





