En las últimas semanas, River viene dejando pruebas de múltiples fallos que fueron perjudiciales para el equipo y durante la previa de un nuevo Superclásico hubo una postura clara desde el club por lo que podría ocurrir. Si bien a nivel futbolístico no hubo argumentos para ganar, Nicolás Ramírez fue clave para inclinar la cancha constantemente a favor de Boca de manera escandalosa en reiteradas ocasiones, dejando un antecedente muy polémico como pocas veces se vio en un partido de este tipo.
Cuando la Liga Profesional de Fútbol confirmó el cuerpo arbitral, las redes sociales del Millonario publicaron con nombre y apellido tanto del réferi como del encargado del VAR, Silvio Trucco, que venía de anularle un gol a Ángel Correa frente a Belgrano en Córdoba por una mano casual de Francisco Ortega que fue cobrada con un criterio diferente al establecido en el reglamento. Con los pergaminos a la vista, el juez se encargó de interponerse para ser clave en el resultado.

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Los fallos de Ramírez en contra de River y a favor de Boca
Llegando al final de la primera parte, Marcos Acuña y Leandro Paredes tuvieron un cruce en la mitad del campo de juego, por lo que Ramírez resolvió sacarle la tarjeta amarilla a cada uno para frenar con el tumulto. Lo curioso es que, inmediatamente después, el capitán del eterno rival le dijo “cagón” en la cara y podría haber significado la segunda amonestación que derive en expulsión. Sin embargo, no lo quiso echar y fue el primero de dos momentos en los que no lo quiso dejar afuera del encuentro.
En el segundo tiempo, Lautaro Blanco le cometió una fuerte infracción a Tobías Andrada, la cual fue a la altura del botín y no por encima del tobillo, por lo que resolvió con sacarle una tarjeta amarilla. Sin embargo, lo llamativo es que después Gonzalo Montiel realizó la misma maniobra exacta y el árbitro tomó una decisión diferente: lo expulsó a Cachete. Aplicó dos criterios diferentes para la misma jugada y llevó a cabo la acción para perjudicar sin tapujos al CARP.
Previo a la roja al lateral derecho, se dieron otras dos situaciones que siguieron con la tarea del réferi. Luego de no haber expulsado a Paredes por haberle dicho “cagón” enfrente suyo, se dejó en claro que el mediocampista tiene un reglamento aparte al no haber recibido la segunda tarjeta amarilla en el complemento. A los 27 minutos, llegó tarde y le pegó una patada a Tomás Galván que tranquilamente pudo haber sido su despedida y quedar diez hombres contra diez. El del silbato no lo quiso así.
Después, dos minutos más tarde de no querer mostrarle otra amarilla al 5, el árbitro y el VAR se encolumnaron para no cobrar un claro penal a favor de River. A los 29′, tras un córner de Ángel Correa, Di Lollo frenó la carrera de Nicolás Otamendi sujetándolo de la camiseta y haciéndolo caer dentro del área. Como era de esperar, ni siquiera la revisaron y se dejó en manifiesto nuevamente que el Más Grande no podía irse con otro resultado que no sea la derrota.
Por último, y como si fuera poco, Ramírez le perdonó otra expulsión a Boca. En el final, Alan Velasco, que ya tenía tarjeta amarilla, simuló una falta dentro del área para que le cobren penal y el juez lo tuvo que haber amonestado por segunda vez, pero era momento de completar con la tarea. Es así que el Millonario, con aviso previo por lo que iba a suceder, se marchó esgrimiendo a través de Otamendi, Montiel, Ponzio y dirigentes como Stefano Di Carlo que el equipo fue robado.





