River venía atravesando un mercado de pases donde recibía un golpe al mentón detrás del otro entre las negociaciones frustradas y las lesiones que se iban acumulando. La extensión de una semana más del cierre del libro le dio algo más de aire para amortiguar los golpes, y casi sobre el sonido final de la campana pudo evitar la lona y quedar en pie con la llegada confirmada de dos futbolistas que pueden aportar muchísimas soluciones tanto en lo inmediato como en el futuro venidero.

Mejor tarde que nunca. Siempre. Atrás quedaron aquellas declaraciones de algunos integrantes de la cúpula dirigencia y del manejo del fútbol que avizoraban que River no iba a estar en la búsqueda de jugadores más allá de un delantero. Primó el sentido común, y las llegadas de Rodrigo Villagra y Agustín Sant’Anna llegan para cubrir los dos puestos que más urgían respecto a las necesidades primordiales.

El lateral derecho porque Simón se siente más cómodo de volante más allá de su lesión, porque Herrera no termina de convencer, y porque Boselli es una alternativa excelente pero con otras características. El mediocampista central de marca porque Kranevitter todavía está lejos de su mejor versión, y porque Nicolás Fonseca se está adaptando y además por atributos se puede acomodar mejor jugando más suelto de marcas. Y ambos puestos en conjunto además por el hecho de saber que esos dos lugares no lo cubre ninguno de la maravillosa camada de juveniles talentosos que hoy están asomando en Primera.

¿Qué le pueden aportar los refuerzos al equipo?

Villagra es una fiera. De esos volantes que cumplen la función de un perro de presa a la hora de la dinámica. De los que no negocian esfuerzos. En su mejor nivel puede darle un contagio importante al resto del mediocampo, sobre todo a la hora de colaborar en la presión alta que pretende inculcar Demichelis durante más pasajes de partido de lo que se vio el año pasado. Y además tiene muy buenos cambios de frente hacia adelante, para sorprender a defensas rivales. Todo eso sumado al plus del amor por la banda roja, que no es un detalle menor cuando se trata de estos casos.

Sant’Anna por su parte es muy criterioso para atacar los espacios en su proyección ofensiva, e inclusive para acomodarse para su perfil izquierdo y resolver con su pierna más inhábil. Es de esos futbolistas que suele tomarse un tiempo más cuando la jugada lo pide, con el objetivo de buscar la mejor opción de pase o de centro. Un aspecto fundamental para un lateral cuando logra llegar profundo al fondo de la cancha.

En definitiva, River completa dos piezas del puzzle del plantel que le hacían falta y mucho. Ojalá la adaptación de ambos sea lo más rápida posible, y ese salto de calidad que se espera de ellos sea tan efectivo y certero como todos esperamos.