Fue una noche de fiesta en el Monumental. Soñada. Con un gol sobre la hora para festejar un nuevo triunfo superclásico y dejar a Boca a ¡19 puntos! de distancia en la tabla de la Liga Profesional, donde River se mantiene puntero y por amplia diferencia (le lleva nueve a San Lorenzo, que este lunes recibirá a Defensa y Justicia). La tensión del partido, los nervios previos al penal y la fiesta desatada después fue el guión de la película que se escribió este domingo en Núñez.

La gente creó una tarde a puro color y cantos. Y el gol de Borja desató la locura en el final, más allá de la batahola posterior, con los jugadores enloquecidos cantando y festejando como los más de 83 mil fanáticos que había en las tribunas. Con un Enzo Pérez desatado, comandando la fiesta desde el campo de juego, saltando, arengando, agitando banderas y hasta trepándose en el alambrado para festejar cara a cara con los hinchas que estaban en la Sívori Inferior.




Los jugadores se fueron gritando, apretando sus puños y mostrándoles el escudo de sus camisetas a los plateístas de la San Martín cuando se metieron en el túnel. Y cuando llegaron al vestuario siguió el carnaval en el sector exclusvio para los futbolistas. Ahí mientras los esperaban varias cajas de pizzas y bandejas con frutas, siguieron cantanto y saltando. Hasta que apareció Martín Demichelis (el técnico tiene su sector en la otra punta del vestuario Angel Labruna) y todos explotaron en un solo grito: “Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de la Michoneta, todos la vuelta vamos a dar”.

Sí, así de cebados estuvieron los jugadores y el propio Micho, que desbordaba de alegría y a pura sonrisa también se puso a saltar y cantar abrazado a Elías Gómez, el hombre de los sopapos, mientras Robert Rojas abría una botellita de agua para mojar al DT. No faltaba ninguno, todos cantando, saltando y revoleando las camisetas. Algunos en cuero, como Enzo Díaz, que agarró distraído al pibe Franco Alfonso y festejó con unas trompadas en el estómago. O Casco, que tampoco paraba de agitar sus brazos y mostrar su felicidad por un superclásico hermoso que terminó a pura fiesta en el vestuario de River.