River no ganó ninguno de los partidos que jugó ante los otros equipos grandes. Perdió ante Racing e igualó frente a San Lorenzo, Boca e Independiente. Otro ítem más en el debe del plantel.
La rivalidad que existe entre los clubes más populares del fútbol argentino hace que, al no tener un buen campeonato, un triunfo en los clásicos “salve” el semestre. Pero River no hizo ni una ni otra cosa.
Con un torneo de mediocre para abajo, no le ganó a ninguno de los otros cuatro grandes, y eso que tres de los partidos los jugó en el Monumental.
A repasar: empate sin goles contra San Lorenzo, derrota por la mínima frente a Racing, igualdad insólita en el Superclásico y otro empate penoso ayer en el Libertadores de América.
Además, no estamos hablando de clubes grandes en un excelente momento: San Lorenzo e Independiente pelean por no descender, Boca juega tan mal o peor que River y Racing (el mejorcito) vive en la irregularidad.
Entonces, ¿por qué no se ganó ni un clásico? Presión, ambiente, la triste frase mediocre de “el rival también juega”… excusas hay muchas, pero realidad hay una sola, y es que la gente del Millonario no tuvo ni siquiera la mínima alegría de poder chicanear a los otros equipos grandes.
El campeonato que viene habrá que viajar al Nuevo Gasómetro, al Cilindro de Avellaneda y a La Boca. Ah, y hacer treinta puntos. Para escaparle a la mediocridad en la que este equipo está sumergido. Para volver a ser River.



