Los empleados del club cobraron sus sueldos y dieron marcha atrás con la medida de fuerza que implementaron el jueves.
No fue cuestión de un mes. La demora en los pagos de sueldos a los empleados del club es algo que se repite constantemente durante el último tiempo. La diferencia en esta oportunidad radicó en que los trabajadores se hartaron del incumplimiento.
Entonces, mientras Passarella minimizaba el conflicto echándole la culpa a la campaña política al mismo tiempo que se jactaba de haber pasado una larga estadía en el Hotel Ritz de Madrid codeándose con los popes del fútbol, los empleados decidieron adoptar una medida de fuerza como única alternativa viable para solucionar el conflicto.
Sin atención al socio, actividades dirigidas, asistencia a deportistas ni manutención de ningún tipo, sumado a la exposición que logró esa situación en los medios, a los dirigentes no les quedó más remedio que ocuparse de aquello que debió ser una prioridad sin presión de por medio.
En lugar de ir a charlar durante una hora con el Tata Martino a Barcelona, recordar sus épocas de gloria en Florencia o demonizar el reclamo de los trabajadores, Passarella debió estar en Buenos Aires destrabando un problema no menor a nivel institución. Un problema que habla a las claras de que el campeonato económico no es más que un desafortunado eslogan. ¿O acaso la AFIP también le impidió girar los sueldos?
Aunque más inquietante aún resulta que en apenas 17 días River deberá volver a pagarles a sus empleados y los dirigentes parecen no tener más soluciones que vender a un jugador o esperar que los clubes europeos se dignen a pagar el bendito mecanismo de solidaridad, hoy devenido en salvavidas.



