Después de su buen papel en la Copa Argentina ante Quilmes, el venezolano ingresó en el segundo tiempo contra Huracán y fue importante para que River pudiera destrabar un partido que venía siendo bastante adverso.
Para muchos, César González había pasado a ser un suplente sin chances. Un integrante del plantel que iba a tener muy pocas posibilidades de mostrarse de acá a que terminara el campeonato. Sin embargo, a fuerza de voluntad, el Maestrico tuvo minutos en los últimos dos partidos y su buen rendimiento le cambió la cara al equipo.
Esta tarde arrancó desde el banco, viendo cómo el 4-4-2 no daba respuestas. La paciencia empezaba a agotarse y era lógico: se había cambiado al esquema, se había sacado a David Trezeguet y no se podía superar a un Huracán venido a menos desde hace tiempo.
Pero cuando en el segundo tiempo ingresó junto al francés, la gran mayoría de los hinchas aplaudió por la entrada del goleador, ilusionados con otra de sus grandes actuaciones.
Sin embargo, el que terminó siendo el mejor reemplazo fue el venezolano, que mostró un nivel similar al que se vio en San Juan: sin brillar, pero con constancia y simpleza a la hora de distribuir, de a poco fue adquiriendo importancia.
Y así, River fue. Ezequiel Cirigliano se acercó a César González para descargar y empezaron las pisadas y los toques fáciles, ésos que a veces parecen difíciles, pero que no lo son.
El buen pase de Carlos Sánchez mandó al Maestrico al fondo de la cancha, donde desbordó y mandó el centro que el defensor quemero mandó a su propio arco.
Justamente, el Maestrico supo formar parte del Huracán subcampeón de 2009, donde se vio una gran versión del venezolano. No es momento para exagerar, pero con sus dos últimas actuaciones, invita a ilusionarse con ver al mejor César González.



